DESDE EL DESIERTO

Mt. 4,1-11


Me pongo en tu presencia Señor, con mis manos extendidas y portando en ellas una vasija vacía, para que tú la colmes de tu misericordia.

Con mi corazón abierto, para que  puedas entrar y retirar de él todas las posesiones que me atan, que me retienen y entretienen en mi caminar de peregrina hacia el encuentro contigo.

Introdúceme en el desierto Señor, aunque en él tenga que encontrarme con la “prueba”, enfrentarme a los halagos y comodidades que intentan paralizar el dinamismo de mi forma de vivir.

Ayúdame a descubrir cada día que “no solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Que tu palabra sea mi luz, mi fuerza y mi energía, para saber confrontar mi vida con lo que ella propone.

Hoy Señor el pan está escaso, danos tú el de cada día, sobre todo a tantas familias que les falta lo necesario. Remedia tú esta situación difícil por la que está pasando la parte más débil de la sociedad.

Señor, la prueba en el desierto solo busca apartarte de la voluntad de tu Padre, es lo mismo que nos pasa a nosotros cuando solo queremos llamar la atención con manifestaciones espectaculares de poder  y nos ponemos en el centro del mundo. Pero tú siempre eres nuestro referente para hacer la voluntad de Dios hasta las últimas consecuencias. A ti te costó la vida ser coherente. Mostrar a un Dios humilde, compasivo y misericordioso, que ama a todos sus hijos, un Padre con otros criterios que los de los religiosos de tu tiempo.

Despójame de todo lo que no seas tú en cualquiera de tus presencias. Despójame de los criterios que me apartan de tu voluntad. Ayúdame a llevar una vida de adoración y obediencia a Dios, que me conduzca a una relación de comunión con los demás. Que mi ser religioso sea vivir desde la fe y en la fe.

Ayúdanos a no ser  autónomos con relación a ti, a esta forma de obrar fuera de tu obediencia, que es la que nos hace crear relaciones de opresión, de odio, de guerras. Sólo tú puedes liberarnos, cambiar nuestro corazón de piedra en un corazón de carne, capaz de regenerar y de transformar la opresión en libertad, el odio en amor curativo, la guerra en la paz fraterna.

Dame la luz y la fuerza del Espíritu Santo para dejarme acompañar de tu Madre y poder decir como ella “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra”. AMEN

 

 

 

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