En el Tabor


Mateo 17, 1-9

Señor, estoy aquí de nuevo con mi plato de pobre para que tú me des la ración de cada día. Hoy me muestras un texto donde descansa el espíritu, todo es sosiego y luz. También como los discípulos que te acompañaban deseo quedarme para siempre en ese lugar de descanso.

Que bien se está cuando tú te haces presente, cuando la contemplación te envuelve, cuando Dios se hace entender, pero esto solo es una dimensión del seguimiento, hay que bajar al valle, hay que vivir la realidad de la vida en toda su crudeza. En el monte nos encontramos contigo, en el valle nos encontramos con los hermanos, y las dos dimensiones son necesarias para seguirte.

La experiencia del monte prepara para la vida en el valle que no siempre es de nuestro agrado. Dame  Señor  la fortaleza necesaria para saber escuchar a quien necesita mi tiempo, dame la luz que resplandecía en tu rostro para que mis ojos puedan ver tu rostro resplandeciente en tantos rostros sufrientes, enfermos, difíciles, necesitados, rostros llenos de inseguridad, de preocupación, de tantas cosas como amenazan a la humanidad de hoy. Que sepa mirar a mis hermanos con tus ojos de amor.

Señor,  que la experiencia del Tabor me enseñe a no huir de la cruz, a estar cerca y atenta al sufrimiento que me rodea, a ser pan partido y repartido para cuantos me necesiten. Dame un corazón misericordioso, atento a las necesidades,  capaz de sufrir con el que sufre y gozar con el que goza. Dame un corazón agradecido para vivir la filiación del Padre y la fraternidad universal con todos.

Señor, que nuestra oración sea consecuente como la tuya, que sepamos vivir el momento presente que el Padre pone en nuestro camino. Danos una fe firme, sin miedos, sin titubeos, sin disimulos.  Una esperanza confiada, sabiendo de quién nos hemos fiado, y un amor generoso y entregado, capaz de plantar cara al egoísmo y resentimiento que nos rodea, sabiendo vivir la buena noticia de Jesús de Nazaret.

Señor, enséñanos a escucharte en tu Palabra, en la Eucaristía,  en el diario vivir. Para que después de experimentar tu presencia en el Tabor, no nos atemorice enfrentarnos con la cruz.

 

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