EL SUEÑO DE DIOS

Antes de haber creado al mundo y todo lo que existe, Dios nos ha soñado. Dios nos soñó a cada uno. Y sigue soñando. ¿Cuál es el sueño de Dios para mí y para ti? La santidad. ¿Y cuál es el sueño de Dios para mí y para ti, en concreto, hoy? Esta es la invitación de hoy, al celebrar la Solemnidad de San José: conocer cuál es el tramo del camino de la santidad que Dios está soñando para cada uno de nosotros hoy.

San José vivía del sueño de Dios para su vida. Por la noche, mientras descansaba, Dios venía despacito, en el silencio de la obscuridad, a enseñarle lo que quería, el modo de vivir en plena comunión con el Dios de sus padres… la santidad. A José, al contrario que a María o hasta Zacarías, no se le aparece ningún ángel, no tiene revelaciones, ni visiones…nada. Simplemente sueña. Este valeroso patriarca vive de una fe increíble, con muy pocos signos y – tal vez – algunas incertidumbres. Aun así, responde. A cada petición de Yahvé, José responde no con palabras o buenos propósitos, sino con una acción concreta, operante, activa; hoy leemos en el Evangelio de San Mateo: «Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor». En otra perícopa referentes a José se nos dice: “se levantó”, “tomó al niño y a su madre”, “se fue”, “se retiró”. En cada paso hay una invitación a ir más lejos, a ir más lejos en la obediencia, en la humildad, en el silencio, en la confianza…
Al igual que la Virgen María, José conservaba todo en su corazón, pues seguramente no comprendía totalmente la misión a la que estaba llamado y los designios del Altísimo sobre este Niño que cambió su vida. Su docilidad permitió que se dejara guiar. Fue literalmente detrás de sus sueños, del sueño de Dios para él.
Sabemos que la meta a la que somos llamados es una sola: la santidad, pero en el camino no todo es derecho, hay curvas, atajos, encrucijadas en esta carretera de la vida y tampoco se nos dio el mapa del trayecto completo. Hay que ir buscando, descubriendo. Como José.
José intuía que la manera de ser un buen judío, justo y piadoso, y de glorificar a Yahvé con su vida era desposándose con María y con ella formar una familia. Y es ahí, precisamente en medio de su vida y de sus planes, donde Dios se manifiesta. El sueño de Dios se cruza con el suyo y empieza entonces la misión más sublime que algún hombre pudiera tener: ser padre del mismo Dios.
Tantas veces soñamos y hacemos proyectos, pero no siempre corresponden al sueño de Dios. ¿Porque? O porque soñamos “mediocre” y Dios quiere más para nosotros, o porque soñamos desproporcionado a nosotros, a nuestras necesidades, a nuestras posibilidades… La belleza está en que Dios coge en sus manos nuestras aspiraciones, nuestros deseos y los eleva hasta donde no podríamos imaginar jamás.

 

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