¡ALÉGRATE, PORQUE EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO!

La Iglesia nos lanza, en el día de hoy, el reto de mirar con ojos nuevos el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, que celebramos. Hacemos memoria de las huellas de Dios en la historia humana y esto nos debería llenar de verdadera alegría. 

La vivencia de la alegría, la experiencia de la felicidad en plenitud, es un anhelo que habita muy hondo en el corazón del hombre. Y Dios, en sus entrañas de misericordia, conoce el corazón de cada hombre y mujer, porque él lo modeló con sus manos amorosas, dejando su impronta grabada en él. Es propio del Amor acercarse al ser que se ama, hacerse uno con el amado. Para realizar ese designio, Dios se reviste del manto de nuestra carne mortal, en el seno y en el corazón de una mujer y asume nuestra fragilidad, nuestras limitaciones, se aproxima a nosotros con un cuerpo humano. Nos ama de tal modo, que hace lo inimaginable para estar con nosotros y en nosotros. Porque no hay nada imposible para Dios (Lc 1, 37).
Tal como a María, Dios nos visita y desea vivir en nosotros, encarnar su amor, su misma vida en nosotros, para engendrar y para tornar el amor tangible. Dejemos que él entre en nuestras vidas, donde estemos cada uno, en este momento. Seamos conscientes de las visitas que Dios nos hace en cada jornada que nos regala.
Dios nos quiere hacer felices y la misma ansia de felicidad que tenemos se calma, cuando respondemos a sus invitaciones como María, con humildad, simplicidad, confianza, disponibilidad: Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra (Lc 1, 38a).
Sin embargo, la auténtica felicidad que el Abba nos concede con la Encarnación de su Hijo, no significa que el dolor, la tristeza, la pérdida, el sufrimiento, esté ausente de nuestra vida.
María de Nazaret, después de haber dado su asentimiento en colaborar con Dios en proyecto de la salvación, el ángel la dejó (Lc 1, 38b). Ella tuvo que caminar en la obscuridad de la fe, en una cotidianidad con dificultades, incomprensiones, etc.
Entonces, ¿dónde estaba anclada su vida, su felicidad, su alegría?
En la confianza de que Dios es una Roca que no vacila, de que su Palabra es verdadera y se cumplirá, de que todo terminará bien, aunque no comprendamos el hacer de Dios, a veces tan desconcertante.
La vida de María de Nazaret, la anawin, por excelencia, es un canto de confianza alegre por la misericordia que Dios ha tenido con nosotros, regalándonos con la encarnación de Jesús, la “humanidad” del corazón amoroso del Abba.
Por eso, ¡ALÉGRATE, PORQUE EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO!

Sor Magda da Cruz
Comunidad de Campo Maior

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