EL AMOR DA UNA NUEVA OPORTUNIDAD

En el sobrecogedor pasaje profético de Is 53 que la liturgia del Viernes Santo nos presenta, y que es a la vez el anuncio de la Pasión de Cristo en los Evangelios, se hallan descritos los dolores del Siervo, la causa de ellos y los frutos de su muerte.

Cristo no sufre por sus propias faltas sino que queda abrumado por los crímenes de la multitud e intercede por ella. Este pasaje, en el que se nos muestra el carácter espontáneo y amoroso del sacrificio de Jesús, es propuesto también como modelo de vida para el cristiano. El Apóstol Pedro nos dirá que: Cristo nos ha dejado un ejemplo para que sigamos sus huellas (1Pe 2,21); y, nuestras Constituciones nos exhortan a la entrega como oblación personal. (CC.GG. art. 5)

Ya es una gracia que podamos expiar con Cristo por los propios pecados, pero lo es aún más que podamos hacerlo los unos por los otros.
Nosotros de manera a menudo inconsciente entramos libremente en el plan divino de Dios, no sólo por nuestras acciones y oraciones, sino también por nuestros sufrimientos. Llegando así a ser plenamente colaboradores de su Reino (CIC 307). La manera en que yo personalmente esté colaborando en esta obra de Dios, me es desconocida, aunque, reconozco que es bastante mediocre cuando requiere un acto de mi voluntad. Sin embargo, me afianzo en la certeza de que algunos, desconocidos, en el pasado o en el presente, hayan podido sufrir vicariamente por mí y, sé que este influjo ha sido sumamente beneficioso para mí.

No se trata de sufrir por sufrir. Ni tampoco de que nosotros podamos salvar a nadie. Se trata de conformarnos a Él para poder amar como Él ama, compartiendo un dolor que cura y que se hace caridad hacia los hermanos. Se trata de participar en la obra amorosa de salvación de Dios que quiere que todos se salven y, por ello, nos vuelve a otorgar, en una nueva oportunidad, el remedio de nuestras culpas (oración III Dom. Cuar).

Que este Viernes Santo reconozcamos en la expiación la gracia de Dios y la pidamos, pues en ella el amor de Dios está absolutamente presente.

Hna. Manuela Gómez Muñoz
Monasterio La Concepción
Hinojosa del Duque

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