Dios rompe todos los cerrojos

Estamos en el Segundo Domingo de Pascua, el domingo de la Divina Misericordia. El evangelio nos dice: «Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros”». Así se presenta Jesucristo Resucitado a sus apóstoles.

Es el saludo de cada aparición del Resucitado, Dios nos trae siempre la paz, esta es la experiencia de encuentro con Cristo Resucitado, la paz. Una paz que abre las puertas y las ventanas de los discípulos que estaban cerradas por miedo. Porque el miedo nos encierra, en nosotros mismos, no hace perder la perspectiva, nos bloquea en las situaciones y al final termina por ir “envenenando” el ambiente, nuestra vida. Pero Dios no nos deja de lado, se hace presente para romper todos los cerrojos de nuestra vida. Para que su luz ilumine no solamente nuestra vida, nuestras situaciones personales, sino también el caminar de cada día. El Señor Resucitado rompe esos cerrojos con misericordia, con ternura. Es la experiencia de Tomás, de un Dios que no le juzga, sino que desde la misericordia de una presencia, desde la compasión de una mirada, desde la ternura de un gesto, rompe también esos cerrojos en su vida. Para que la experiencia del Resucitado ilumine toda su vida de la paz verdadera. Hoy, a cada uno de nosotros se nos hace presente Cristo Resucitado, con ese mismo saludo: «Paz a vosotros», dejemos que Dios rompa esos cerrojos de nuestra vida que no nos permiten gozar de la alegría del Resucitado y de la paz de la misericordia.

(Cf. Diócesis de Málaga)

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