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La mañana de Pascua


26 Marzo 2016

 

Muy temprano, al salir el sol, las mujeres se ponen en camino hacia el sepulcro, llevando los aromas que habían preparado. Nos lo dicen los cuatro evangelios. Ya aquella mujer de Betania, en casa de Simón el leproso, había embalsamado el cuerpo de Jesús; “Se ha adelantado, a embalsamar mi cuerpo para la sepultura” (Mc 14,8). Aquella mañana se disponen a repetir el gesto, un ritual normal, tradicional, sin duda alguna, pero no necesariamente mecánico; estará impregnado de respeto y de amor; de mansedumbre y misericordia, de ternura…

La ternura de se gesto contrasta con la otra tarea que imaginan van a tener que realizar primero: correr la piedra que cerraba el sepulcro. Llama la atención y está señalado en los evangelios, el contraste entre la debilidad de unas mujeres que llevan delicadamente los aromas y perfumes y la enorme piedra. ¿Quién les ayudaría a correrla?. La pregunta parece ingenua,  y en cualquier caso llega un poco tarde; ¿no tendrían que haber pensado en ello antes de llegar al sepulcro? ¿Cómo van a hacer el embalsamiento  en esas condiciones?.

En realidad la pregunta está preparando la respuesta. Se necesitará un ángel y un gran temblor de tierra en Mateo, un milagro y uno o dos ángeles, para explicar que la piedra estaba corrida… Solo Dios será capaz de desbloquear los candados y las puertas cerradas. Las mujeres cuentan con él sin saberlo. EL ESTÁ ALLÍ, PRESENTE, VIVO. Bajo formas diferentes, los cuatro evangelios presentan en este lugar una manifestación  del poder del Dios, una teofanía. Como tal produce estupor, perplejidad, estremecimiento…

 

“Y entrando en el sepulcro, no encontraron el cuerpo del Señor” (Lc 24,3). Ellas habían observado bien donde pusieron el cuerpo, y ahora se encuentran con el vacío, con la ausencia.. Todo entra en contraste en las primeras líneas sobre la experiencia de la Pascua: la ausencia habla de presencia; la presencia exige la ausencia. El “no está aquí” de todos los evangelios, subraya este efecto de sentido. Las mujeres son invitadas entonces por el ángel a dar ese paso del vacío hacia el Que está vivo, el Resucitado. Y al ser los primeros testigos del sepulcro vacío serán los primeros testigos de la presencia del Que está vivo.