CONFORMARSE CON JESUS POR MEDIO DE Mª INMACULADA
Empiezo con una imagen que surge en mi interior al reflexionar sobre el tema de la formación: Cuando se sube a una montaña se unen el esfuerzo y el deseo de aventurarse en algo nuevo. Y, si se ha subido lo suficiente para mirar alrededor y disfrutar de un excelente paisaje, es impresionante como el camino recorrido parece tan poco, en comparación con lo que falta, y además parece todo muy pequeño. En el camino de la formación personal pasa algo parecido... ¿No lo habéis experimentado ya?
Cuando una se adentra en un tema de espiritualidad siempre surge en nuestro interior que es más de lo que se lee, se medita o se contempla... no se puede abarcar... es, sin lugar a dudas entrar en el misterio de Dios, y aunque Él Señor nos capacite para ello, siempre es más...
Por ello, hay que reconocer la maestría de San Pablo, pues entramos en el Misterio de Dios «a tientas...» aunque «...no se encuentra lejos de cada uno de nosotros; pues en Él vivimos, nos movemos y existimos» (Hechos 17, 27b-28). Y es que la formación se da en el terreno de nuestra cotidianidad mezclada con la luminosidad, claroscura, de la presencia de Dios.
Hoy me pareció importante compartir desde las palabras y lo que llevan dentro, como que a escondidas… Si miramos en profundidad la palabra FORMACIÓN, ella se puede separar en forma y acción. ¿Qué quiere decir esto? Pues a mi algo muy práctico, que la formación no es sólo un acumular de contenidos intelectuales que no cambian la vida. O sea, no es sólo información, sino autoformación. Para vivir, y hacer, una buena formación ella debe dar una nueva forma a mi pensar, a mi sentir, a mi hablar, para que una acción nueva nazca en mi interior y cambie mi estilo de ser y vivir; a la luz del mandamiento nuevo del Amor que Jesús nos ha dejado en testamento. Mirando el horizonte formativo desde aquí, en la vida religiosa, este es sin duda conformarse con Jesús, asumiendo sus sentimientos y su vida misma. Y ya
que estamos como que en un juego de palabras… CONFORMARSE es formarse - con Jesús, entrar en su escuela y esta es para toda la vida, no hay edad fija para empezar ni para terminar...
En esta nueva perspectiva la formación para la hermana Concepcionista es, sobre todo, conformarse con Jesús, por medio de María Inmaculada. Ella es el camino más corto para llegar a Él. O la “matrícula” más segura y rápida para entrar en esta escuela humano-divina. Me perdonen la osadía,… como Jesús ha afirmado: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.» (Juan 14, 6); entonces podemos parafrasear diciendo que María también lo es: camino para Jesús, verdad que proclama a Cristo y vida que lo acoge y nos lo regala. Todos los que le aman, ella los lleva hacia Dios. He experimentado esto tantas veces en mi vida personal, en mi Comunidad o en la vida de los demás cristianos más marianos…
Y tomando la idea de arriba, María Inmaculada es la forma, o el molde, donde cada una de nosotras debemos entrar, o dejarnos moldar para que, en nuestras acciones, y escojas, seamos semejantes a Jesús, recuperando la imagen y semejanza perdida por el pecado. ¡Además, siendo ella la Inmaculada! Hay que seguir el Iter Marie para llegar a ser Cristi-formes. Si miramos nuestras Constituciones, el objetivo de la formación es muy claro: “… se capaciten para seguir a Jesucristo y vivir, desde la contemplación, el Evangelio y el misterio de la Inmaculada…” (CC. GG. 124).
Pero ¿Cómo es este molde que es María Inmaculada? ¿Cómo es dejarse moldar por ella?
María Inmaculada es la prueba máxima de que “…la gracia no destruye la naturaleza, sino que la eleva y perfecciona.” (CC. GG. 125§1).
El numeral 108 del Tratado de San Luis María de Montfort, dice lo siguiente: “La verdadera devoción a la Santísima Virgen es santa. Es decir, te lleva a evitar el pecado e imitar las virtudes de la Santísima Virgen, y en particular su humildad profunda, su fe viva, su obediencia ciega, su oración continua, su mortificación universal, su pureza divina, su caridad ardiente, su paciencia heroica, su dulzura angelical y su sabiduría divina. Estas son las diez principales virtudes de la Santísima Virgen.”
Entonces dejarse moldar por María es escuchar su vida en lo profundo, es meditar en el corazón como ella (cf. Lc. 2, 19) es cantar nuestro propio Magnificat (Lc 1, 46-55), es hacer lo que Jesús nos dijo en el Evangelio (Juan 2, 5) … y si subrayáramos también nuestras Constituciones 125§2: ¿Cuál de esas virtudes no ha tenido María? “…sinceridad, el amor a la justicia, la fidelidad, la humildad, la cortesía, la fraternidad, el espíritu de servicio, la modestia, la simplicidad, la alegría, la discreción e a laboriosidad.” No creo que sea al acaso que este este artículo en los principios generales de la formación… Lo que parece es que… ¡Si nos formamos en estas pequeñas/grandes virtudes la vida cambia, yo y tu cambiamos, la comunidad cambia, … la Iglesia cambia, … el mundo cambia!



