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ORQUESTA


13 Agosto 2024
ORQUESTA

En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros."  (Jn 13,35) El legado del amor, de la caridad, de la vida fraterna que Jesús hizo a sus discípulos nos lo sigue haciendo a nosotros hoy.  Nuestro vida está marcada continuamente por la vida en fraternidad y es ésta nuestra mayor forma de evangelizar: “Llamadas a un mismo camino de seguimiento, la comunidad concepcionista configura todas las dimensiones de la persona y se expresa, desde el misterio de María, en la entrega de unas a otras en el trabajo, en las responsabilidades y en la vivencia de la fe. " (CCGG 99) “La comunidad de concepcionistas acoge a cada hermana como un don del Señor y la ama más que la madre a su hija carnal, aceptándola como es, ofreciéndole la posibilidad de desplegar plenamente su vocación comunitaria y sus dones de naturaleza y de gracia, atendiéndola en sus necesidades y estando junto a ella con solicitud amorosa en los momentos de dificultad” (CCGG 100).

 

En ocasiones esta dimensión de fraternidad, se nos puede pasar por alto un pelín y podemos olvidar que todas necesitamos de las demás: “Cada hermana, sintiéndose plenamente responsable de la vitalidad, del crecimiento y de la unidad de la fraternidad que la ha recibido, se esfuerce en construirla día a día por la escucha de la Palabra de Dios, la oración comunitaria, la fracción del pan, la vivencia del carisma y la puesta en común de los bienes” (CCGG 101).

De manera que podríamos comparar nuestra comunidad con una gran Orquesta Sinfónica, la Orquesta Concepcionista. Una orquesta está conformada por instrumentos de cuerda, viento y percusión. El director es quien guía a todos para que estén acorde a la melodía y no vaya cada cual por su lado y la música tenga un sentido.

Dios nos ha elegido a ser sus colaboradoras. Nos ha elegido para ser instrumentos en sus  manos y en la mano de María, para hacer a través de nosotros grandes cosas. No importa mi capacidad o mi pequeñez personal, lo que importa es mi conciencia de instrumento, mi disponibilidad y obediencia a los deseos del Padre.

Cada uno como instrumento, por sí mismo, en las manos de Dios puede tocar melodías maravillosas, pero Dios nos llama a vivir en Comunidad y a poner al servicio de la Comunidad y de la humanidad todo nuestro ser, es decir, el instrumento que en esta vida nos ha tocado ser, a ejemplo de la Virgen María que en las manos de Dios dio en su vida cada nota que la partitura de esta vida le iba marcando. Notas agudas lo mismo que graves, acordes difíciles y complicados así como sencillos. No hubo en su vida una nota falsa o desafinada porque se dejaba guiar y moldear por el Espíritu Santo. Tampoco iba haciendo solos o sobresalía de los demás instrumentos sino más bien en armonía y comunión con todos tocó la mejor obra maestra de su vida. Y así pudo llegar con más fuerza y nitidez a todas las generaciones el gran mensaje que Dios le enviaba a pregonar, la Buena Nueva, su Hijo Jesucristo.

No importa el material del que estemos hechos, de menor o mayor calidad, que esto a los ojos del mundo si es importante y esencial, pero a los ojos de Dios todos somos instrumentos valiosos e insustituibles ya que somos obras de sus manos.

Hay instrumentos visibles y notorios y hay otros que apenas se percibe su sonido, pero todos son necesarios, no indispensables pero si muy necesarios en esta gran obra maestra que Dios quiere tocar a través de nuestras vidas, de nuestra Comunidad, de nuestra Federación, de nuestra Orden Concepcionista, en fin, de la Iglesia: “Foméntese el buen uso de la libertad, y a este fin, ejercítense en la responsabilidad, de modo que puedan prestar servicios eficaces al Monasterio, a la Orden y a la Iglesia, como fieles cooperadoras con la gracia divina” (CCGG 129, § 2).

Así como nos esmeramos de cara a las personas a hacer impecable el trabajo que se nos ha encomendado, ya sea encuadernando, los dulces, tintorería, etc., así también pongamos todo nuestro ser en las manos de Dios para que guiadas por el director de esta orquesta, que es el Espíritu Santo, demos las mejores notas de nuestra vida en comunión y armonía con los demás instrumentos que forman esta gran Orquesta del Señor: “Por su vida contemplativa las hermanas concepcionistas están especialmente atentas a la Palabra que Dios pronuncia en Cristo, su Hijo, y a las llamadas del Espíritu en la mediación de la conciencia personal, en la Iglesia, en la fraternidad, en los acontecimientos y en la vida del mundo” (CCGG 40 ).

Un instrumento que desafina hace que la melodía no se escuche de forma clara y pierde todo su esplendor. Lo mismo sucede cuando no vivimos nuestra vocación en el Espíritu, ese mensaje que estamos llamadas a transmitir, ese carisma que el Espíritu Santo ha dado a la Iglesia por nuestra Santa Madre Beatriz de Silva y que cada Monasterio debe vivir y manifestar, no llega con claridad hasta los confines de la tierra. Y en lugar de ser un mensaje agradable al oído puede sonar más bien estridente y desagradable. “Aprendan las hermanas a vivir según las exigencias de la vida de fraternidad y a poner a disposición de la comunidad las fuerzas de su entendimiento y de su voluntad, así como los dones de la gracia en el fiel desempeño de los cargos y oficios” (CCGG 129. § 1)

Toda buena orquesta tiene un buen director y en nuestro caso no es la excepción al contrario tenemos el mejor director de orquesta que puede haber, al Espíritu Santo y el mejor instrumento que ha creado el Señor, la Santísima Virgen María. Si verdaderamente  me siento instrumento a través del cual Dios está actuando, eso me dará una gran seguridad frente a la vida y sus desafíos, y despertará una fuerza creadora extraordinaria. Y ese ha sido el secreto de los santos, tener siempre presente la conciencia de ser instrumento de Dios y de la Virgen María para sus planes. De igual  modo nosotras debemos tener esta “conciencia de instrumento” en la comunidad a la que Dios me ha llamado, a lo que me comprometí el día de mi Profesión: “…y me comprometo a seguir a Cristo según la forma del santo Evangelio y a vivir en fraternidad…”

También la Virgen María asumió su compromiso de darle forma a la comunidad de los seguidores de su Hijo, los cristianos, a quienes recibió al pie de la cruz, en la persona de Juan, como sus hijos. Así también  seamos nosotras constructoras de fraternidad, evangelizadora en la caridad “mirad  cuanto se aman”. Hagamos de nuestras comunidades la más hermosa melodía que llegue al corazón de los hombres del mundo y escuchen en ella el mensaje esperanzador de la Redención de Cristo.