Skip to main content

Profesión Sor Ana Clara - Osuna


03 Octubre 2015

 

“Grábame como un sello en tu brazo, como un sello en tu corazón”. Cant. 8, 6

Queridas hermanas, quiero compartir con vosotras lo que viví el pasado día 6 de septiembre, día de mi Profesión Solemne y como quedó grabado en mi corazón.

Para empezar, me gustaría dar gracias a Dios por el don de mi vocación en esta vida contemplativa y por la confianza que ha tenido en mí, aún conociendo mis debilidades y mis limitaciones, no puedo dejar de dar gracias a Dios, por la oportunidad de consagrarme a Él, siguiendo el ejemplo de nuestra fundadora Santa Beatriz de Silva y María Inmaculada, nuestra Santísima Madre, totalmente dócil al Espíritu y abierta a la Palabra de Dios.

Igualmente doy gracias por el apoyo espiritual de mi Comunidad que ha pedido y orado por mí, sus testimonios de vida que me han ayudado y me siguen ayudando en la búsqueda constante y a identificarme como sierva del Señor.

Durante el mes de retiro todo ha sido de gracia y de bendición para mi vida y confío que el Señor siempre seguirá a mi lado, y que nunca me abandonará. Todo esto para mí ha sido un tiempo de aprendizaje y de gracia porque he vivido con mucha intensidad, alegría y gozo, la llegada de mi Profesión, sintiéndome muy apoyada con la oración.

Llegado el momento de mi Profesión Solemne, me pregunté a mí misma porqué el Señor se ha fijado de mi, y porqué me ha elegido siendo yo débil, frágil y pequeña ante Él, pero poco a poco me estoy dando cuenta que es por su amor tan inmenso, tal cual soy, soy suya.

Es verdad hermanas, me sentí muy emocionada durante la celebración y sobre todo a la hora de postrarme y de pronunciar los votos. La celebración fue presidida por P. Fr. Joaquín Zurera Ribó, OFM, y acompañada por distintos sacerdotes de Osuna. La celebración fue muy solemne y sencilla a la vez. El P. Joaquín me animó con su predicación diciéndome que mi vida y que la etapa que acabo de alcanzar es una meta conseguida pero que la vida sigue y debo hacer de ella una ofrenda para la Iglesia y la salvación del mundo. Esta es la meta final y la podemos realizar estando muy unidas a Dios, fijándonos siempre de Él, buscando siempre su voluntad y abriéndonos al tesoro de la fraternidad, para sentir siempre su apoyo en las hermanas y para saber acoger así a cada hermana tal cual es.

Quiero dar las gracias a mi madre Abadesa María Dolores y a toda mi Comunidad, que desde el primer día en que llegué, me acogieron con mucho cariño; así como a la Madre Presidenta, Mª José y a las Hermanas que me acompañaron en este día de mi Profesión Solemne.

Ahora puedo decir con María, “Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador, porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava.”

Finalizo, dando las gracias a vosotras hermanas por vuestra oración y os ruego que sigáis teniéndome presente en vuestras oraciones, pidiendo que mi entrega, sea hasta la eternidad; contad vosotras con mi humilde y pobre oración.

Por amor me has llamado, por amor me has elegido.