Skip to main content

Pertenencia a la familia de la Comunidad, Federación y Orden


22 Junio 2015

Muy queridos lectores:
Paso a paso vamos caminando hacia la cumbre de este encuentro fraterno y formativo. Seguimos aquí, al pie del cañón, con la misma alegría e ilusión, listas para dar comienzo a la cuarta  y última semana. Pero antes de entrar de lleno, queremos como las semanas anteriores, haceros partícipes de lo acontecido a lo largo de la semana que acaba de caducar.

Pulse sobrela imagen para ver más.

Para refrescaros un poco la memoria, hacemos eco del tema de la semana anterior: Los Sacramentos, misterio de nuestra fe. Este hacer memoria nos sirvió en nuestra reunión  dominical con la Hna. Presidenta quien  nos invitó a tomar conciencia de  la  VIDA que los sacramentos nos aportan. Lo que nos da vida no es la exterioridad del rito o la celebración en sí,  sino la presencia de Jesús en su Espíritu y el amor fiel del Padre. Cada sacramento nos acerca a las fuentes de la vida: el agua de la vida, el pan de la vida, la unción de la vida... por tanto es necesario dejarse sorprender por la vida que en cada celebración se nos ofrece. Es un tema para profundizar en la profesión de fe que hacemos, para vivirlos en todo su sentido. También compartíamos lo que había supuesto la semana tanto en las clases como los trabajos en grupo desde el punto de vista de la corresponsabilidad.
Y con este buen sabor de boca nos disponíamos a afrontar el tema de la semana. Os adelantábamos la semana pasada que las clases corrían a cargo de nuestra hermana Mª Jesús Barroso Ramos, una conocida y experta en pedagogía. Con esa gracia que le caracteriza, nos introducía en la materia: Pertenencia a la Familia de la Comunidad, Federación y Orden. Partiendo de la base, comenzó invitándonos a hacer un breve análisis de lo que es una familia: un regalo hecho a semejanza de la Santísima Trinidad donde se vive la acogida, la gratuidad, la ternura, el apoyo, el perdón, la alegría, el descanso…
Trasladamos todo esto a nuestra vida fraterna en comunidad donde pertenecemos por entero, sin reservas, asumiendo todo aquello que se nos ofrece para nuestro crecimiento y maduración. La comunidad me acoge y yo ¿qué ofrezco o no ofrezco?¿Qué estoy aportando? Entrega, acogida, alegría, obediencia, disponibilidad… La hermana- profesora hacía mucho hincapié en el término “pertenencia” que nos es sinónimo de estar simplemente sino poner en juego valores como lealtad, sinceridad, corresponsabilidad.
La pertenencia a la Federación y a la Orden nos ayuda a tomar conciencia de la grandeza de nuestro carisma que nos une a pesar de la diversidad. La familia federal  nos facilita la convivencia fraterna y la formación. Es necesaria la apertura para servir a la Federación y a la Orden en una clara señal de amor y pertenencia pues este amor crece en la medida en que nos damos. En definitiva, se nos plantea un reto: cuidar desde la corresponsabilidad, el árbol que Dios ha puesto en nuestras manos: la propia Comunidad, la Federación y la Orden, siendo buenos administradores de los dones recibidos del Señor.
Como podéis comprobar, la semana ha sido intensa en contenido, y también lo ha sido en la convivencia fraterna, Liturgia, Eucaristía… Hemos ido palpando y contemplado con nuestros ojos la gracia de Dios en cada momento y esa gracia no se ha frustrado en nosotras; todo lo contrario, está dando mucho fruto a corto y seguramente a largo plazo.
Nos gustaría cerrar este pequeño compartir con un breve pero preciso canto que cantamos en la vigilia de anoche: No dejéis de rumiarlo en el interior.“Dios es Amor, atrévete a vivir por amor. Dios es Amor, nada hay que temer.”  Sin comentarios…
Nos despedimos con un abrazo fraterno desde este cálido rincón de Mairena con la esperanza de volver a contactar con vosotros en unos días si Dios quiere.
Hermanas Mónica y Celestina