“El Señor ha estado grande con nosotras y estamos alegres.”
Estas palabras del salmo 125, expresan en esta ocasión nuestro estado de ánimo, por estar recordando y celebrando los 500 años de nuestra presencia en Almería.
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Creemos que era de justicia agradecer a las gentes de esta noble tierra el cariño que siempre nos han mostrado, compartiendo y apoyando nuestras tareas como enviadas por el Señor. Y también y agradecer a tantas hermanas que, durante tantos años, han vivido como testigos del Señor Jesús, en medio del pueblo de Dios. Mujeres que, voluntariamente quisieron encerrarse en esta casa, para dedicarse a la mejor tarea posible: buscar a Dios, llenarse de El y pedirle por la paz y la salvación del mundo, comenzando por las gentes de esta diócesis. Nunca buscaron el brillo y el poder de mundo. Viviendo en el silencio y la renuncia, han sabido llegar a todos dándolo todo.
La preparación de esta ilusionante fiesta ha sido lenta y ordenada. Queríamos hacer algo sencillo, pero a la vez que fuera un modo de presentarnos al pueblo y decirle: “aquí seguimos; gracias, Almería” Y manos a la obra nos pusimos a buscar los medios necesarios y las personas preparadas para que este acto fuera, a la vez, “religioso y familiar”. Gracias a Dios, no fue difícil realizarlo. Nos ha sobrado de una cosa y de otra. Y hoy nos sentimos dichosas porque “el Señor ha estado grande con nosotras…”
Prácticamente todo ha estado centrado en la Eucaristía que tuvimos el pasado día nueve, a las siete de la tarde, que presidió nuestro querido Obispo, Don Adolfo González Montes, quien desde el primer momento de nuestra propuesta, la tomó con cariño y nos animó a realizarla con enorme gozo.
En todo momento, Don Adolfo se ha mostrado cariñoso y cercano con nosotras, haciéndonos sentir como una familia que se deja amar y guiar, no por un jefe, sino por un padre. De ahí que en todo momento nos hemos sentido llenas de gozo y confianza en nuestro Pastor.
La Eucaristía fue concelebrada por el Vicario de Religiosas y un grupo de sacerdotes. Y preciosamente animada por una muy digna Agrupación Polifónica que emocionó a todos los presentes. El mismo Sr. Obispo, las felicitó por su actuación tan preciosa y precisa.
Toda la Eucaristía fue bella y emotiva. Pero hay que destacar la homilía tan preciosa y profunda del Obispo. Entre otras cosas, el Sr. Obispo dijo que “nos reunimos para hacer, de esta Eucaristía, una acción de gracias por los 500 años transcurridos, de generación tras generación, de mujeres cristianas que se han ido sucediendo en esta morada para abrazar la vida de plena consagración. Su fidelidad ha sido una realidad palpable, la cercanía de Cristo se ha expresado en este incondicional seguimiento y la vivencia de este seguimiento se ha traducido en nupcias, en una relación esponsal entre las mujeres consagradas y el Esposo de la Iglesia, que es también el esposo de nuestras almas”. Asimismo añadió. “quiera el Señor bendecir a esta benemérita comunidad de Concepcionistas Franciscanas y concedernos el don de verlas renacer una y otra vez, para seguir disponiendo de tanto amor como ha alimentado el claustro de estos muros por Cristo; tanto amor por la Iglesia; tanto amor por las misiones; tanto amor por los necesitados… que intenta superar y compensar tantas desgracias morales como existieron y existen en nuestro mundo. Quiera el Señor verdaderamente hacernos el don inmenso de mantener nuestras comunidades contemplativas”·
A la Eucaristía asistió un buen número de cristianos que siempre han estado muy unidos a nosotras. Más de doscientas personas llenaron nuestra pequeña capilla. Y esta situación provocaba, ¡cómo no! calor humano, pero también, calor de afecto y amistad profundos. No fue esta celebración una simple reunión formal de cristianos. Fue el encuentro agradecido de las religiosas y los fieles que han querido sumarse a nuestro gozo, recordando y dando gracias a Dios por este largo tiempo de oración, trabajo y testimonio.
Y hay que decirlo también, aunque parezca un gesto de vanidad: como sabemos ya, y nos están diciendo hoy también, esta comunidad de Concepcionistas –las Puras, como nos llaman- es muy querida, muy querida por nuestras gentes de Almería. Que el Señor se lo pague.
Ciertamente ha sido una fiesta; una fiesta cristiana. El Señor nos sigue bendiciendo… Y hemos comprobado, otra vez que, aunque sigamos encerradas voluntariamente y por amor, no estamos solas. Cada uno de los almerienses nos acompaña en todo momento.
Después de terminar la Eucaristía, la gente pasó al Compás del Monasterio, en donde se habían preparado unos dulces caseros, hechos por nosotras, (en confianza, muy buenos) y una rica limonada con los limones “ecológicos” de nuestro patio-jardín. Y parece ser que fue del agrado de todos.
Todo nos resultó precioso, especialmente la misma Eucaristía y el cariño y cercanía del Sr. Obispo, al que agradecemos tanto detalles. Y también agradecemos a los que vinieron a compartir con nosotras estos inigualables momentos. Gracias, de corazón.
Y la vida sigue. Como Jesús en el Tabor, hemos visto la gloria de Dios y hemos recobrado fuerzas para seguir nuestro camino de entrega al Señor, esperando el momento en que nos diga Jesús: “venid, benditas de mi Padre…..”· ALABADO SEA EL SEÑOR, CON NUESTRA BENDITA MADRE PURISIMA Y NUESTRA SANTA MADRE BEATRIZ.
Hna. Encarnita Serrano


