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Ad Statum Prosperum


17 Septiembre 2023
Ad Statum Prosperum

Hace 512 años, en Roma, el Papa Julio II aprobó nuestra Regla de vida.

Dice el Papa en el punto 5 de la Bula Ad Statum Properum:

“Y decidimos y declaramos, en todo y por todo, que ellas [abadesa y religiosas] y las que les han de suceder, (...) ahora y en lo sucesivo deberán observar siempre y puntualmente esta otra [Regla], ordenada según el tenor de los referidos doce capítulos, tanto en lo citado monasterio como en todos los demás monasterios, prioratos y lugares de su Orden, dondequiera que existan, bajo el consabido título de la Concepción, tal como si les hubiese sido concedido desde un principio a ellas y a los monasterios y lugares indicados,; y con la misma autoridad e igual tenor aprobamos y confirmamos la Regla y forma de vida dada y contenida en estas nuestras letras y dichos doce capítulos, y todas y cada una de las inmunidades, libertades, indulgencias, privilegios, indultos, y Letras Apostólicas que, bajo cualquier título y nombre, se les han concedido y tal vez confirmado hasta ahora en sus monasterios y a la Orden, supliendo oportunamente sus defectos.  

Compartimos algunos puntos de esta Regla, de la que hoy celebramos sus 512 años, que caracterizan la vida que, con la gracia de Dios, nos proponemos vivir.

En su artículo 1, bajo el título “De lo que han de prometer las que quieren entrar en esta Orden” dice: “Aquellas que inspiradas y llamadas por Dios, desean abandonar la vanidad del siglo y, vistiendo el hábito de esta Regla, desposarse con Jesucristo nuestro Redentor, a honra de la Inmaculada Concepción de su Madre, prometerán vivir siempre en obediencia, sin propio y en castidad, con perpetua clausura.”

En el capítulo III, con el título “de la forma del hábito de esta religión”, nos habla como debe ser el hábito que hemos de vestir, una vez que este es lo que caracteriza “exteriormente” aquellas que hemos de seguir a Cristo a imagen de Maria Inmaculada. Dice el punto 6: “El hábito de las monjas de esta Orden será; la túnica y el hábito con el escapulario sean de color blanco, para que la blancura exterior de este vestido dé testimonio de la pureza virginal del alma y cuerpo; el manto sea de paño basto o estameña color jacinto, por su significado místico, puesto que el alma de la Virgen gloriosa fue hecha toda desde su creación tálamo celeste y singular del Rey eterno.” En el punto 8 del mismo capítulo: “Procurarán, además, imitar la humildad y pobreza de nuestro Señor Jesucristo y de su Madre bendita, amando a la santa pobreza, así en la vileza de los vestidos como en el calzado y todo lo demás, de manera que merezcan ser iluminadas por el Padre de las luces y perseverar hasta el fin.”

En el capítulo dedicado a la oración, dice el punto 30: “Consideren atentamente las Hermanas que, sobre todas las cosas, deben desear tener el espíritu del Señor y su santa operación, con pureza de corazón y oración devota; limpiar la conciencia de los deseos terrenos y de las vanidades del siglo, y hacerse un solo espíritu con Cristo su Esposo, mediante el amor, por el que se alcanza el deseo interior de las virtudes y una continua enemistad con los vicios, que nos apartan de Dios.”

Por fin, en el último capítulo (el XII), nos son dadas orientaciones sobre “el modo de trabajar, del dormir y del silencio”. Dice el punto 42 en su primera parte: “amarán el silencio, porque en el mucho hablar no falta pecado; la que no ofende con la lengua, tiene gran perfección, y la virtud de la religiosa que no refrena su lengua en vana.” El punto 44 expresa como debe ser una imitadora de María: “Muéstrense verdaderas imitadoras de la humildad y mansedumbre del Redentor y de su dulcísima Madre, en el hablar, en el andar y en los ademanes.”   

La regla termina en el punto 46, que dice: “La abadesa y monjas se esmerarán en observar perfectamente esta Regla y forma de vida, para que, permaneciendo siempre humildes y sometidas y estables en la fe católica, guarden hasta el fin los votos que al Señor prometieron.”