Felicitación por la Inmaculada de la M. Coordinadora
INMACULADA 2019- CONFEDERACIÓN DE SANTA BEATRIZ DE SILVA -ORDEN DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
Queridas Hermanas: Vamos a comenzar la Novena de la Inmaculada y, aunque para nosotras es un referente que tenemos presente todo el año, en la Novena, que le dedicamos, queremos seguir aprendiendo de Ella.
Para todas nosotras son días de especial ilusión, de recordar en el corazón que tenemos una cita de amor a la Inmaculada a la que tienden nuestras vidas. Este año, que hemos estado reflexionando sobre la fe y que hemos tenido la Beatificación de nuestras Hermanas mártires, por ser fieles a la fe, quiero insistir en este punto, pues también el Evangelista Lucas nos hace ver que ésta es la primera bienaventuranza que recibe María de Isabel: “ Dichosa tú que has creído”
Vamos a encontrarnos, personalísimamente, con María, que es lo mismo que decir que vamos a encontrarnos con nuestra propia vida para ver qué me tiene que decir a mí en particular, conscientes de que lo que nos comunique la Virgen es la voluntad de Dios para cada una, y, acogiéndola, desde la fe, nos llevará a comprender que, en su gracia, nos regala, implícita, la certeza de que es El quien nos renueva y recrea, quien nos viste de gracia y hermosura.
Con los ojos de María, vamos a mirar a nuestro Dios, como nos diría M. Ángeles Sorazu de quien, en breve, vamos a celebrar el Centenario de su muerte. Imbuidas de este deseo podremos llegar a lo profundo, a lo más íntimo de nosotras mismas para gustar cómo es Dios, para sorprendernos con esa manera tan genial de ser que tiene; pues con la mirada de María se nos hace visible Dios a nuestros ojos. En Ella recibimos lecciones de amor, de belleza, de vida limpia, de corazón sensible y apasionado para aprender a ser sus Hijas, las que Santa Beatriz soñó como acogedoras de la gracia, que hemos de hacer fecunda para transparentar esa virtud sublime que contempló en la Inmaculada, la TODA HERMOSA, TOTA PULCHRA, TODA DISPONIBLE PARA DIOS y así, al final, cuando el Padre nos mire de frente podrá reconocer en nuestra mirada los ojos limpios y puros de María.
Estas actitudes de la Inmaculada, que la proclaman llena de limpia hermosura, la anuncian como la mujer de fe, apta para acoger a Dios, que quiso vestirse con nuestra carne.
A ese niño-Dios no podía recibirlo alguien que no calara en el alcance de ese gesto de amor. Para esto hacía falta una mujer muy especial: María, a quien la Gracia de Dios trabajó desde el momento de su concepción, haciendo posible su ejemplar vida de fe. Una fe viva, arriesgada, comprometida que fue ayudándole a entender cada acontecimiento de su vida como un proyecto de amor.
María se fio de Dios, como su verdad más profunda y se dio del todo a Él. No supo de nuestras “pequeñeces” tales como: "sólo cuentan conmigo para lo que les conviene; no hago esto porque no me lo han agradecido lo suficiente; estoy cansada de ser siempre yo la que da…" Su entrega era rectilínea, nunca se curvaba para volver sobre sí misma.
A esa vida recta, sin desnudar el tiempo de prisas y reclamos, nos hemos de apuntar para ser eco de lo que contemplamos en María y convertirnos en parábola del amor de Dios en las sendas de la historia; y, en estos momentos, de inquietud y de apuesta por lo esencial, la fe debe mantenernos ancladas en las actitudes de María Inmaculada.
Como elegidas y consagradas no dejemos de contemplar la obra de Dios en nosotras, lo que nos llevará a actuar, como María, acogiendo y agradeciendo al que ha bajado hasta nosotras para que no deje nuestro corazón de amar al que se ha fijado en mi y vivamos el misterio de Cristo desde la fe CC.GG.art.4
Pidamos a María que nos ayude para que las semillas que llevamos dentro puedan abrirse paso sin estrecheces, y su perfume recorra nuestras imperfecciones y florezca en nuestros límites. Que alcancemos un corazón que sea libre del lodo del camino y avancemos, en fe, hacia esa fuente que mana y da vida, así nos dejaremos alcanzar por los sueños de Dios, como Ella.
María Inmaculada, nos devuelve la esperanza con su victoria sobre todo mal; nos motiva a vivir en actitud de respuesta que dignifica toda vocación de servicio y entrega. Con Ella y por Ella nos sentimos agradecidas, confiadas, estimuladas..., nos sentimos recreadas y fuertes en su fidelidad. Contamos con María, en el camino de fidelidad en el seguimiento de Cristo y Ella nos recuerda que Dios no está deseando otra cosa, sino tener a quien dar. Hemos de abrirle posibilidades, pues Él tiene muchas maneras de poner incienso en el fuego o rescoldo de nuestra vida para que se extienda el buen olor que nos proporciona, y acontezca, así, el gran milagro de la belleza que hará de nosotras unas verdaderas Hijas de la Inmaculada.
Junto con todas las Hermanas que os representamos en la Confederación os deseo un feliz día de la Inmaculada y especialmente a quienes llevan el bonito nombre de Inmaculada o Concepción.
Un fraternal abrazo:
Hna. Mª del Carmen Mariñas



