Acción de gracias en Lebrija
Siguen resonando los ecos de alegría, alabanzas y acción de gracias en los Monasterios de nuestra Federación y de toda nuestra Orden por la Beatificación de nuestras 14 hermanas mártires Concepcionistas. Y sigue vibrando en nuestros corazones, ya que en estos días entre nosotras están sus nombres y sus vidas entregadas, salen en todos los momentos de nuestra jornada, ya que también tenemos ya entre nosotras el libro de la Posicio.
El pasado sábado 20 de julio en nuestra Comunidad de Lebrija, celebrábamos la Eucaristía presidida por D. Andrés Ramírez Cárdenas y concelebrada por D. Adolfo Pacheco, los dos hijos del pueblo que han crecido a la sombra de nuestro Convento. Abría la procesión de entrada la reliquia de nuestras mártires, cruz de guía y ciriales, portadas por 4 acólitos.
En la homilía D. Andrés relacionó la vida de las mártires con las lecturas del día. He aquí sus palabras: “¿quién puede hospedarse en tu tienda, Señor? ¿Quién puede vivir en tu casa? Las mártires, como Abraham vieron de lejos al Señor y pidieron que Dios no pasara de largo. Él se quedó en casa con ellas, como lo hizo con Marta y María. Ellas prepararon la tienda al Señor para que reposase junto a ellas. Ellas empezaron a compartir la pasión de Cristo. Abrir la puerta de tu casa al Señor implica compartir con él la vida, por eso fueron testigos de Cristo muerto y resucitado: por vírgenes y por mártires. Sus casas, sus Monasterios de convirtieron en lugar de pasión. Los últimos meses fueron de sufrimiento y espera. Felices compartieron el miso destino que su esposo, entre bombardeos y noches sin dormir. Cumplieron entregando sus cuerpos, sus almas, su sangre y sus pensamientos por la Fe, lo que Cristo dijo a Marta: María ha escogido la mejor parte y nadie se la quitara´. Las mártires son reflejo del lucero de la Santa Madre Beatriz. Ellas se han sentado a los pies del Señor para estar con él”.
Como ofrendas se presentaron: una estrella, símbolo del Carisma de Santa Beatriz cuya forma de vida abrazaron nuestras mártires. 14 rosas rojas portadas por feligreses, feligresas y amigos de la Comunidad que representaban la vida de cada una de las hermanas, “para que el ejemplo de sus vidas nos estimule a una entrega generosa en las pequeñas cosas de cada día. Por último, el Paz y el vino, signo de entrega y comunión fraterna, “para que sean para nosotros como lo fueron para nuestras hermanas mártires, alimento que nos fortalezcan en el seguimiento de Cristo Redentor y de María Inmaculada”
Después del credo se cantó la letanía invocando la intercesión de cada una nuestras hermanas
Al final, se dio a besar la reliquia, mientras se cantaba el himno compuesto para la Beatificación.
Hermanas mártires concepcionistas, que vuestro ejemplo y fidelidad nos ayuden ¡Gloria y honor, mártires del Señor! Por Cristo dísteis la vida y la dísteis por amor. Rogad por nosotros.



