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DOMINGO DE PENTECOSTÉS


20 May 2018
DOMINGO DE PENTECOSTÉS


Hemos celebrado la Pascua durante 50 días y hoy concluye este tiempo con el envío del gran don prometido por Jesús tras su Resurrección: el Espíritu Santo. Es el fruto de la Pascua.


La comunidad de los discípulos es presentada como el nuevo Pueblo de Dios lleno de Espíritu que da testimonio de Jesús. De ahí que Pentecostés sea también la fiesta del nacimiento de la Iglesia.
En el mundo judío, tras la Pascua, se celebraba la fiesta de la recolección o también llamada de las siete semanas, que recordaba la promulgación de la Ley en el Sinaí.
Las lecturas de hoy hablan de este acontecimiento desde distintas perspectivas, pero todas coinciden en resaltar que el Espíritu es el gran don que Jesús hace a sus discípulos para que puedan continuar la misión.
Juan, que sitúa esta venida el mismo día de la Resurrección del Señor para mostrar la estrecha relación que existe para él entre ambos hechos, presenta al Espíritu con una imagen muy gráfica. No aparece simbolizado en el viento ni como llamas de fuego como en Hechos, sino por el mismo aliento vital del Resucitado que sopla sobre los discípulos (vv. 22-23) Este gesto nos recuerda cuando Dios creó al ser humano (Gn 2,7), de ahí que el salmo nos invite a entender este momento como una nueva creación.
“Estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas por miedo a los judíos” El miedo es lo contrario a la fe, paraliza por completo al discípulo. Por eso, Jesús sopla sobre ellos el Espíritu, que los libera de su condición de “encerramiento”, los recrea y prepara para asumir nuevos desafíos. Como vemos Jesús no abandona a los suyos, les concede el Espíritu, sin el cual la comunidad no hubiera salido de sus miedos, y es enviada a la misión de anunciar la Buena Noticia y perdonar los pecados, esto es, con la tarea implícita de la reconciliación universal.
Este gran acontecimiento no pertenece al pasado, el Espíritu sigue acompañando a toda la Iglesia, le da cohesión y unidad y se manifiesta en personas y situaciones concretas. Él asegura la unión con Dios y la trasmisión de su voluntad. El Espíritu es quien inicia y desarrolla la vida nueva del cristiano consagrado a Dios por el bautismo.
Con la experiencia del Resucitado y la recepción del Espíritu, todo cambia para los discípulos. El Espíritu es la forma que tiene el Señor de relacionarse con nosotros. Y la forma de relación es el amor. Y el Señor no sabe hacer otra cosa que amarnos. Cuando nos ama en acto, nos está dando su Espíritu.