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SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO


09 Diciembre 2017
SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

“Todos verán la salvación de Dios” Todo cristiano necesita y busca la salvación de Dios. En todos los momentos debemos acudir a Dios porque de Él y sólo de Él viene nuestra salvación y gloria. Hoy llega Juan el Bautista como personaje del Adviento. Se presenta ante nosotros como una voz en el desierto, con una misión clara y definida: “Abrir rutas, aplanar caminos, allanar montañas.”

Nos preguntamos a nosotros mismos, ¿qué hay que abrir, aplanar o allanar en nuestras vidas? O bien esta otra pregunta: ¿estoy preparado internamente para recibir la salvación que Dios me envía?

Dios nos envía su mejor regalo, su Hijo único, encarnado en el seno de la Virgen María. Nos muestra su gran deseo de sacarnos de la esclavitud de nuestros pecados y miserias, donde fuimos sometidos desde el principio del mundo por nuestros primeros padres Adán y Eva. Dios se hace un niño, pequeño, débil, pobre. Hombre como nosotros y divino como Dios mismo. Este es el gran misterio que esperan nuestros corazones durante este Adviento; es el mensaje que nos anuncia el Precursor del Señor.

Dios se hizo amigo del hombre desde la creación del Universo y al caer el hombre en el pecado, esta amistad se vio afectada, porque Dios es todo santo sin mal alguno. Pero Él por ser tan bueno y fiel amigo, no ha dejado de buscar cómo salvar al hombre, su gran amigo. Por eso dice el Evangelio, “Dios amó tanto al mundo que envió a su Hijo único para que el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” ( cf. Jn 3,16). Para recibir esta salvación de Dios nos anuncia Juan un bautismo de conversión para el perdón de nuestros pecados. Y ¿qué otra actitud debemos tener para estar del todo preparados? Reconocimiento de nuestras inclinaciones al mal, arrepentimiento sincero de nuestros pecados, enmienda de vida, rechazo total del mal y huida de las ocasiones de pecar, caridad y entrega generosa a su servicio. Todo eso es Adviento y espera de nuestra salvación, el Mesías, el Señor.

En este segundo domingo, Dios nos pide que seamos acogedores de su mensaje y precursores de su Hijo. Tenemos muchas hondonadas para llenar, muchos caminos para allanar, muchas montañas para trasladar. Somos enviados especiales de Dios a la sociedad de nuestro tiempo para que sepamos caminar junto a nuestros hermanos, con la mano extendida, en son de paz, de diálogo, de comprensión y de esperanza. El mundo de hoy necesita nuevos profetas que anuncien y denuncien; que testimonien con su vida todo lo que dicen; que vivan lo que predican y prediquen como voces vivas de la palabra, que es Cristo. Nosotros somos la voz y Cristo es la Palabra y nuestro servicio es para que Dios ame al mundo a través de nosotros. Por lo tanto, seremos precursores en la medida en que vivamos cerca del Señor. Y entonces todos verán la salvación de Dios.


Sor Beatriz Mumbua Mule

Monasterio de Santa Ana - Montilla