PROFESIÓN SOLEMNE EN EL MONASTERIO DE SANTA ANA DE MONTILLA
El Amor de mi alma “¡Cuántas maravillas has hecho, Señor Dios mío, cuántos planes en favor nuestro; nadie se te puede comparar, intento proclamarlas, decirlas pero supera todo número!”(cf. Salmo 39)
Como dice este salmo, son muchas las maravillas que Dios ha obrado en mi favor desde que decidí entregarle mi vida. Quisiera compartir un poco mi experiencia del día de mi profesión y los días anteriores. Antes de ese día tan solemne, había hecho los ejercicios espirituales de un mes. Todo el mes de octubre, estuve retirada a solas con Jesús, con quien más tarde iba a ser el único Amor de mi alma. Nunca en mi vida había sentido la intensidad del amor de Cristo como durante estos días de retiro.
Experimenté el abrazo de un corazón sediento de amor, del corazón de Jesucristo que me sedujo por completo. Descubrí que solo Él podía satisfacer mis ansias de amor y sólo de Él puedo recibir la máxima capacidad de amarle como merece. Él me quitó el miedo y las dudas, que solían paralizarme y me dio una gran paz y seguridad de que quien confía en Él nunca quedará defraudado. Como los discípulos en el día de Pentecostés, me dio una fortaleza tan grande que ya no podía echarme atrás, sino entregarme del todo a Él.
Y ¡por fin! llegó el gran día inolvidable de recibir definitivamente al Amor de mi alma, el 18 de noviembre de 2017. Antes de este día, había recibido muchas felicitaciones y regalos que me hacía cada vez más fuerte y feliz interiormente, pero en lo más íntimo de mi corazón, estaba esperando el mejor regalo, mi Esposo. Estuve muy acompañada por las hermanas de la Federación y de la Orden desde la oración y algunas con su presencia. Mi Padre espiritual presidió la Eucaristía, concelebrada por varios sacerdotes. Además de los preciosos cantos que las hermanas cantaron, nos acompañó una pequeña orquesta formada por mis profesoras de música que solemnizaron la ceremonia.
En la homilía, el Padre me exhortó a “no poner el énfasis en las felicitaciones y regalos, sino en Cristo pobre, casto y obediente. Tu entrega es a Cristo crucificado y resucitado. Igual que el cáliz que no sirve nada más que para la Sangre de Cristo, así son las almas que se consagran a Dios que quedan reservadas sólo para Él. Lo que estamos celebrando hoy es una obra de Dios en un corazón humano. Un corazón que ha sido alcanzado por Dios y quiere responder a este amor. La vida contemplativa es un misterio que el mundo no entiende y si lo entendiera, sería una mala señal porque tampoco entendieron al Señor. Hoy Santa Beatriz, desde el cielo, se alegra al ver su sueño cumplido en sus hijas, que siguen entregándose al servicio de Dios. La Eucaristía fue muy emotiva y yo estaba totalmente en calma. Estoy muy agradecida a Dios por todas estas proezas que Él ha hecho en mí, en especial, por el don de mi vocación contemplativa. Agradezco también a María Inmaculada por acogerme como hija suya en esta Orden suya y a nuestra madre, Santa Beatriz, por su intercesión constante.
Os pido, mis queridas hermanas, que no ceséis nunca de rezar por mí para que pueda perseverar cumpliendo con fidelidad lo que he prometido al Señor y por mi santificación. Gracias a todas de todo corazón.
Sor Beatriz Mumbua Mule
Monasterio de Montilla



