HEMOS SIDO DESPOSADAS CON CRISTO
Ante todo, damos gracias a Dios por esta oportunidad que nos ha concedido para poder compartir con todas las hermanas de nuestra Federación y las otras Confederaciones nuestra experiencia de profesión solemne, el día 25 de marzo de 2017 en la cual hemos sido desposadas con Jesucristo nuestro Redentor, Sor Stellamaris y Sor Inés.
Damos gracias a Dios que nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos sino porque desde tiempo inmemorial dispuso darnos su gracia por medio de Jesucristo. Dios nos eligió desde un país lejano, de Kenia, porque quiso que entráramos a vivir en la mística de un don gratuito: de ser seguidoras del Hijo encarnado en el seno de la santísima Virgen María; desde una opción total por Él y para Él que da sentido a toda nuestra vida en esta Orden de la Inmaculada Concepción. Le damos gracias por llamarnos, por prepararnos el camino y por protegernos durante largo tiempo de espera hasta el día que deseábamos este llegó con paz y alegría.
Fue un día especial para nosotras, en que la Virgen María dijo Sí a la llamada de Dios de ser madre suya y madre nuestra. Ella es nuestro modelo porque sencillamente respondió a su llamada diciendo “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra”. Y nosotras nos hemos unido con ella respondiendo humildemente nuestro Sí, siguiendo a Cristo como Concepcionistas.
Dios tenía un plan con nosotras, por eso le damos las gracias porque se fijó en nuestra nada y nos llamó a seguirle manteniendo viva la lámpara que el Espíritu Santo encendió en nuestra madre fundadora Santa Beatriz de Silva. Y con esa alegría nos entregamos a Él, desposándonos con el Hijo del Eterno Padre, Jesucristo con todo nuestro ser y nuestra voluntad porque en este día tan solemne nada existiría sin ÉL.
“Ved, que dulzura, que delicias convivir los hermanos unidos”. Con la presencia de la Madre Presidenta Mª José, la nueva secretaria Nuria, las hermanas de Casa federal, Montilla, Lebrija, hermanas Mercedarias de Osuna, las hermanas de Santa Ángela de Osuna y los sacerdotes. Nos sentimos muy unidas a todo el pueblo de Dios que se sintieron en casa porque se veían muy contentos y sus rostros brillaban de alegría. También por la presencia espiritual de las hermanas que no pudieron llegar y aunque hacia mucho frío con sus oraciones se convirtió en un día caluroso .
Pedimos a la Santísima Trinidad que nos conceda su gracia para poder llevar a cabo nuestra consagración sobre la roca firme que es Cristo y que el Espíritu Santo nos dé la fortaleza para poder caminar según la voluntad de Dios.
Os pedimos vuestras oraciones para que, con la ayuda de la gracia de nuestro Señor Jesucristo, la intercesión de la Virgen María y de nuestra madre Santa Beatriz que este Sí de amor que hoy hemos prometido podamos ir renovándolo día tras día.
Muchas gracias. Que Dios os bendiga.
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