TERCER DOMINGO DE CUARESMA “TENGO SED DE TI”
¿De qué aguas tengo sed? ¿A qué fuentes voy a llenar mi vasija? En este III Domingo de Cuaresma, la Iglesia pone a nuestra consideración una liturgia muy profunda, donde se refleja una necesidad básica del ser humano: la sed. Sin comida se puede vivir algún tiempo, sin agua no. Sin agua no se puede sobrevivir; es un elemento esencial a la vida, no solo humana, sino de todos los seres vivos.
El Pueblo de Israel, devorado por la sed abrasadora del desierto, se amotina contra Moisés, que volviéndose para el Señor recobra su paz al escuchar: «Ve, porque Yo estaré delante de ti... Tú golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo». El agua sale cómo y dónde menos se esperaba. Así son las obras de Dios…
En el Evangelio, Jesús manifiesta esta misma necesidad a la mujer samaritana, cuando ésta llega al pozo para sacar agua: «Dame de beber». Al mediodía, después de una larga caminata, «fatigado del camino», -como nos cuenta San Juan-, Jesús necesita agua para calmar su sed, aunque esta sed y esta agua puedan tener otros significados más velados… ¿Qué pretende, realmente, Jesús al pedir agua a aquella mujer, con quien estaba prohibido de hablar? ¿Qué sed es la suya: una sed corporal o sed que esta mujer, afligida y atribulada en su pobre vida, conozca alguien que sacie plenamente su sed? ¿Quién de los dos tiene más sed?
Esta mujer muchas veces somos nosotros que buscamos en tantas cosas, en tantos “maridos” nuestra saciedad y, al no encontrarlos, quedamos vacíos, sin vida, desencantados. No obstante, la gracia de Dios nos espera donde menos pensamos. Jesús se hace el encontradizo y sale en nuestra búsqueda cuando no sabemos dónde buscarlo. El pozo profundo puede ser muchas veces nuestro corazón y no tenemos nada para sacar agua de él y quizás ni siquiera tenga agua … Sin embargo, junto al pozo estaba la Fuente del Agua Viva. Cuando muere en la Cruz, el Hijo de Dios deja salir de su pecho abierto el Agua y la Sangre capaces de llenar, restaurar y santificar nuestra existencia. De esa Roca purísima, prefigurada en la roca donde salió agua en el desierto, emana el agua que Jesús se refiere cuando dice: «El que beba del agua que Yo le daré, nunca más volverá a tener sed».
Jesús tiene sed. La mujer samaritana tiene sed. San Agustín decía que Jesús tenía sed de que nosotros tuviéramos sed de Él. Nos parece importante reflexionar en esta realidad a lo largo de esta tercera semana de Cuaresma, y lo podemos hacer de la mano de Santa Teresa de Calcuta, a través del extracto que sigue. Pidamos el don que sintamos siempre sed del Amor de Dios y así queramos llenar la sed de Cristo Jesús.
“Yo tengo sed de ti. Sí, es la única forma de siquiera comenzar a describir mi amor por ti: tengo sed de ti. Tengo sed de amarte y de ser amado por ti, tan precioso eres para mí. Tengo sed de ti. Vuelve a mí, y yo llenaré tu corazón y sanaré tus heridas. Yo haré de ti una creación nueva, y te daré paz, aún durante todas tus pruebas. Tengo sed de ti. Tú nunca debes dudar de mi misericordia, mi aceptación de ti, mi deseo de perdonarte, mi anhelo de bendecirte y vivir mi vida en ti. Tengo sed de ti. Si te sientes pequeño a los ojos del mundo, no importa en lo absoluto. Para mí no hay nadie más importante que tú en el mundo entero. ¡Tengo sed de ti! ¡Ábrete a mí, ven a mí, ten sed de mí, dame tu vida y Yo te mostraré cuán importante eres para mi corazón!.”
Hna. Inés Bigodinho
Monasterio de Campo Mayor



