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UN  DÍA DE AGRADECIMIENTO. Profesión temporal.


26 Enero 2017
UN  DÍA DE AGRADECIMIENTO. Profesión temporal.

Queridas hermanas, es para mí una gran alegría el compartir con vosotras lo que viví en el día de mi Profesión Temporal.

Tuve la gracia de prepararme para este paso que iba a dar con unos ejercicios espirituales que duraron una semana, y en los cuales pude profundizar más en lo que es la vida consagrada, su importancia dentro de la Iglesia, y la vivencia y significado de los votos evangélicos en la vida consagrada.

Fue una gracia del Señor, pues me ayudo a ser más consciente a lo que me iba a comprometer.

¡El gran día llegó!, mi corazón palpitaba con gran fuerza porque mi alma se sentía dichosa, alegre y agradecida con el Señor. Por la mañana nos levantamos muy tempranito al sonido de unas bellas canciones a la Virgen con un toque mexicano, como tenía que ser. Al llegar la hora de desayunar me di una gran sorpresa al ver el refectorio tan bellamente adornado y con un montón de regalos en la mesa.

Pase el día muy nerviosa, no porque sintiera dudas de mi decisión, sino porque rebosaba de alegría mi corazón. ¡Quería que llegara el momento de consagrarme enteramente al Señor!

La ceremonia se celebró solemnemente en la Iglesia de nuestro Monasterio; presidió la ceremonia el Rdo. Padre Jesús García Cornejo, confesor de la comunidad, acompañado de varios sacerdotes. Desde el principio hasta el final de la ceremonia no dejaba de agradecer al Señor todas las gracias recibidas de su amor. Tenía los nervios de punta, pues veía como el Señor bajaba a mi nada para darme su todo. Para mí lo más fuerte fue el momento de pronunciar mis votos y consagrarme por entero al Señor y a su bendita Madre. Con voz quebrantada de la emoción pronuncié mis primeros votos, para mí el inicio de mi historia de amor con Dios, pues fue en ese momento cuando sentí la certeza  de que ya no quería otra cosa más que vivir solo para Dios. 

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Aunque no pudieron asistir mis padres a la ceremonia, por causas mayores, siempre sentí su compañía y ayuda, al igual que la de todas vosotras que con su oración me acompañaron en todo momento. 

Al final de día la comunidad, con lámparas encendidas en las manos, me acompañaron a mi nueva celda, la cual estaba bellamente adornada y muy limpita. Después de que rezáramos y todas curiosearan en mi nueva celda ¡por fin pude descansar!, me encomendé a los brazos de Dios Padre y de la almohada y ¡a dormir feliz!

 Agradezco a todas vosotras hermanas sus oraciones, y me sigo encomendando a ellas para que siga fiel a mi Vocación Concepcionista. 

Sor María Débora del Amor Dios, OIC
Monasterio Santa María, Cádiz