Un regalo de esperanza y compromiso.
Hola, queridos herman@s en Cristo. Mi nombre es Sor Daniela, del convento de la Inmaculada Concepción de Garachico-Tenerife, soy venezolana. El día 27 de noviembre de 2016 hice mi profesión simple. Le doy las gracias a la Madre Presidenta por invitarme y animarme a compartir con ustedes un poco de la experiencia de ese día.
Quiero decirles que la alegría y serenidad que pude experimentar y vivir ese día, al pronunciar conciente y públicamente la formula donde me comprometía seriamente, se lo debo a Maria Santísima y a cada uno de los/as herman@s que elevaron una gran plegaria por mí al Señor. Ciertamente, hay esa gran fraternidad y somos una familia en la Iglesia. Este gozo en realidad no me pertenece a mí sola. Han sido muchas otras personas las que se han alegrado de que Dios sigue llamando y, en este caso, desde mi pobreza, haya un SÍ a su llamada.
Para mi ha sido importante ese SÍ que le he dado, si lo pienso bien esta cargado de un gran regalo de esperanza y compromiso, no es poco a lo que me he comprometido por amor a Jesús y a la humanidad, como me dijo Dios a través de una palabra de un escritor, que llegó a mis manos: “necesito de tu SÍ, como necesité del de María, para volver a la tierra”; los días previos en el retiro espiritual ha suscitado dentro de mí un deseo de conquistar el corazón de Jesús, como Rut v.7 ponerme a los pies de Jesús y el dejarme conquistar por el Amado Os v. 16; cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? El, que llama a mi puerta Ct 5,2 y deja su fragancia Ct 5,6 para anhelar y sentirme perteneciente de esa promesa de la ciudad Santa, la nueva Jerusalén Ap 21, 2; 5. Invitándome a “dejar mi pueblo y la casa paterna” Sal 44.
Jesús me ha sorprendido de diferentes manera: En la Eucaristía como acción de gracias, que la gocé muy intensamente, la concelebración presidida por nuestro Obispo y los nueves sacerdotes que le acompañaron amigo de nuestra comunidad, nuestro querido Fray Dionisio, ofm y dos seminaristas, uno del mayor y otro del menor representando al seminario que estuvieron rezando y pidiendo por mi, también las Vírgenes consagradas y las hermanas religiosas de vida activa, del Verbo encarnado, las franciscanas del Buen Consejo y a todas que estuvieron de corazón y como no, nuestros hermanos seglares de las parroquias mas cercanos a nuestra comunidad y del camino neocatecumenal; y nuestras hermanas de la Orden de la Inmaculada Concepción que se han hecho presente de diferente maneras y en espíritu rezando por mí, también mis padres.
Les quiero dar las gracias a mi comunidad por apoyarme en todo momento, por su paciencia y el estar ahí en los momentos difíciles, gracias por esa acogida en la Orden y en la comunidad donde me ha traído el Señor; Gracias también al Señor por mis padres y por mí familia, que para mí son un Regalo de Dios.
Hoy, el Señor ratifica con esta consagración esa elección, esa alianza de Amor eterna conmigo desde mi bautismo.
Sor Daniela José Martínez OIC



