Carta de la Hna. Presidenta por la Solemnidad de la Inmaculada 2016
Mis queridas hermanas, el don del Espíritu ensanche el corazón de todas y cada una de las hermanas en estos días de preparación a la celebración del Misterio de la Concepción Inmaculada de María.
Os invito en este tiempo a seguir inspirándonos en la espiritualidad de este misterio que nos configura y define en la Iglesia, un misterio para fundamentar nuestra consagración, para vivir en comunión, para recrear nuestra misión.
Estamos viviendo un tiempo de gracia donde el testimonio de vida se hace cada vez más necesario, entre los creyentes para animarlos en la fe y entre los no creyentes para orientar su camino hacia la única fuente de vida y felicidad. Cuantos mensajes nos enseña María en su Inmaculada Concepción.
La victoria del amor
La Toda Hermosa nos garantiza que es posible la victoria del amor, es más, que es cierta. Nos asegura que la gracia es más fuerte que el pecado y que por tanto es posible salir de cualquier esclavitud. La gracia, de la cual ella está llena, significa estar en el amor ante el rostro de Dios, estar bajo la mirada de Dios y mirarle a él. Este amor no nace porque sí, sino que entra en nosotros de lo alto y se despierta en nosotros mismos. María es la persona que se ha puesto ante la mirada de Dios sin miedo y de forma humilde y creyente. Ella nos dice: déjate mirar por Dios, no tengas miedo de que su mirada pueda quitarte tus pequeñas libertades, de que pueda ser peligroso encontrarse bajo su mirada (Gen 3, 8).
La Madre Inmaculada repite a las personas de nuestro tiempo: no tengáis miedo, Jesús ha vencido el mal; lo ha vencido de raíz, librándonos de su dominio. Todos necesitamos de esta buena noticia en medio de aquellas que predican los medios de comunicación. Es verdad, ella nos ayuda a creer con más confianza en el bien, a apostar por la gratuidad, el servicio, la fuerza de la verdad, nos llama a estar despiertos, a afrontar con valor y responsabilidad la realidad en sus problemas, a esperar en las situaciones humanamente más difíciles. María es en sí misma un himno a la Vida: es la criatura en la cual se ha realizado como primicia la Palabra de Cristo: yo he venido para que tengáis vida y vida en abundancia (Jn 10, 10).
María Inmaculada, Madre de la Humanidad
En su Inmaculada Concepción resplandece la vocación de los discípulos de Cristo, llamados a ser, con su gracia, santos e inmaculados en el amor (cf. Ef 1, 4). Nos invita nuestra Madre a evitar el mal y a hacer el bien, siguiendo dócilmente la ley divina inscrita en el corazón de todo hombre, de todo cristiano. En Ella brilla la dignidad de todo ser humano, que siempre es precioso a los ojos del Creador.
María Inmaculada nos recuerda que todos somos hermanos y que Dios es nuestro Creador y nuestro Padre. Sin él, o peor aún, contra él, las personas no podremos encontrar jamás el camino que conduce al amor, no podremos derrotar jamás el poder del odio y de la violencia, no podremos construir jamás una paz estable. Es necesario que los hombres de todas las naciones y culturas acojan este mensaje de luz y de esperanza: que lo acojan como don de las manos de María, Madre de toda la Humanidad.
Más allá de la superficie.
María, con limpieza de vida, nos muestra que su relación con Dios está libre de toda interferencia, que no hay separación, no hay sombra de egoísmo sino perfecta sintonía: su corazón humano está perfectamente “centrado” en el corazón de Dios. Ella viene a recordarnos, que la voz de Dios no se reconoce en el ruido y la agitación; a Dios se le reconoce entrando en el interior, su diseño en nuestra vida personal y social no se percibe quedándose en la superficie, no obedece a leyes económicas y políticas, sino yendo a un nivel más profundo. Es allí, donde María nos invita a ir y a sintonizar con la acción de Dios a descubrir su amor y discernir su paso por la historia.
Demos gracias a Dios por nuestra Madre Inmaculada, tomemos consciencia de lo que se nos ha dado en ella, y pidámosle que vele sobre la vida de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Que ella les conceda la alegría de sentirse amados por Dios, bendecidos por él, predestinados a ser sus hijos. Que ella les enseñe a ser y vivir como hijos e hijas del Padre. Que les infunda la fuerza para rechazar el mal en todas sus formas, y elegir el bien, incluso cuando les cuesta e implique ir contracorriente.
Al igual que este misterio preanuncia la existencia y significado de María, que sea también configurador de nuestras vidas y vocación. Virgen Inmaculada, Madre nuestra dulcísima, ¡ruega por todos!
Feliz novena hermanas, feliz fiesta de Nuestra Madre Inmaculada, felicidades para todas.
Hna. Mª José Hidalgo López
Presidenta



