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ÍCONO DE SANTA BEATRIZ


18 Octubre 2016
ÍCONO DE SANTA BEATRIZ

Hace ya algunos meses que el Señor nos brindó con esta bellísima pintura del conocido arquitecto, escultor y pintor portugués, João de Sousa Araújo, que nos la ha obsequiado con gran alegría para toda la comunidad. En ella está plasmado, de forma muy clara y elocuente, el carisma que el Espíritu Santo inspiró y otorgó a nuestra Santa Madre Beatriz.

En el centro, la figura de la Mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, la Mujer del Proto Evangelio y del Apocalipsis, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en la cabeza; la Mujer a quien fueron dadas dos alas de águila para volar al desierto, para lejos de la vista de la serpiente (Ap 12, 14); la Mujer nueva, preservada del pecado original, la Inmaculada.  

A su izquierda, Santa Beatriz, arrodillada y en actitud de éxtasis; desde su encerramiento en el cofre - símbolo de muerte - contempla el carisma y la gran misión a que está llamada: proclamar la Vida. La Vida que nos vino de la Inmaculada Concepción, la Vida que no es otra cosa que Cristo Redentor en su misterio pascual. La expresión de su rostro denota humildad y sentimientos de pequeñez por recibir en sus manos este tesoro tan admirable para la Iglesia y para el mundo.

Por detrás de Santa Beatriz están dos personajes: san Francisco y san Antonio, recordándonos la profecía a camino de Toledo: «que había de ser una de las mayores señoras de España y que sus hijas habían de ser nombradas en toda la cristiandad» (Vida I y II). Por encima de sus cabezas inclinadas y reverentes, vemos la Bula Inter Universa y una embarcación, para señalar la pérdida y el hallazgo del primer documento que aprueba nuestra forma de vida.

A la derecha de la Inmaculada está otra representación de la Virgen María, esta vez con el Niño Jesús en su regazo. Madre e Hijo apuntan los dos al misterio al que Beatriz debería dedicar toda su vida: a servir, contemplar y celebrar el misterio de María en su Concepción Inmaculada (cf. CC.GG. 9). Llama la atención la actitud profundamente reverente de la Virgen, de ojos bajos, porque reconoce que todo le viene del Altísimo, que «ha mirado la humillación de su sierva», y al mismo tiempo parece tener la mirada fija en el Niño, que con su manita indica la Toda Pura, diciéndole a la serpiente: «Esta te aplastará la cabeza».

Los colores, los rostros de las figuras, su serenidad y reverencia nos invitan a mirar, a callar, a contemplar y a exclamar como María y Beatriz: « ¡He aquí las esclavas del Señor!».  Por eso hemos colocado este ícono en el coro bajo, para que así, embebidas cada día más de nuestro carisma, podamos ser verdaderas seguidoras de María Inmaculada, como Beatriz da Silva, siguiendo a Cristo Redentor, apoyadas en la certeza de que todo es gracia y que Dios quiere hacer de nosotras mujeres nuevas, renovadas, asociadas íntimamente al misterio de la redención, como pequeñas corredentoras. ¡Qué Lo dejemos actuar con plena libertad en nuestros corazones!

Comunidad de Campo Maior