Como estamos viviendo en Año de la Misericordia...
Al iniciar este año jubilar de la Misericordia que aún estamos viviendo, hemos tenido la necesidad de comprometernos comunitariamente en la vivencia más profunda de este derroche de gracia para la Iglesia.
Así que, después de un día de desierto, nos reunimos para una “lluvia de ideas” y para, al final, salir con algo concreto que nos involucrara a todas.
Las ideas iban surgiendo, una detrás de otra y, por fin, - ¡ya pasaba, y bien, la hora de la cena! – se puso de pie lo que ahora estamos viviendo: ¡una peregrinación hasta la puerta de la Misericordia! Dirán ustedes: “¡que novedad!... ¡Si eso es lo que está propuesto por el Papa para toda la Iglesia!” Pues, sí y no… “Sí”, porque ese mismo es nuestro deseo – el de integrar la vivencia universal de la Iglesia; pero “no”, porque quisimos hacerlo desde nuestra realidad diaria, nuestra realidad en el seno de la Iglesia.
La peregrinación la estamos haciendo comunitariamente con la participación de todas las hermanas: cada quince días una hermana está encargada de preparar una reflexión que será el “GPS” para los pasos siguientes en el camino de todas hacía la puerta y que tiene como telón de fondo una obra de misericordia. Esa reflexión empieza con una breve introducción sobre la obra de misericordia a tratar; ya el testimonio de algún santo; un texto bíblico; una pequeña reflexión; puntos para la meditación; gracia a pedir y oración. Claro, todo esto a la creatividad del Espíritu en las hermanas: cada una tiene total libertad para cambiar o añadir otros puntos.
Al acercarse el final de la peregrinación, se acerca también los ejercicios espirituales de la comunidad, después de los cuales todas entraremos en la puerta de la misericordia que con tanta ternura y providencia el Señor ha preparado para cada una de nosotras: la puerta de nuestra celda. Ahí, en la intimidad del silencio de dos corazones unidos, el Señor se encargará de derramar su gracia sobre nuestras almas y de llevar a sus hijos más alejados y a toda la Iglesia el fruto de la indulgencia que, aparentemente, hemos recibido tan solitariamente.
Que al final de este gran peregrinar de la vida podamos TODOS juntos en el cielo cantar: ¡Bendito sea el Señor que no se deja vencer en generosidad! ¡Bendito y alabado sea por su infinita misericordia!
Comunidad de Campo Maior



