Acción de gracias
Dios es el infinitamente grande, el todopoderoso, el omnipotente…podría seguir, pero sólo quiero añadir que Dios es ternura y misericordia. Pero… Dios tiene otro atributo más, que al menos yo, lo he descubierto después de andar bastantes años codo a codo con ÉL. Dios tiene Buen Humor. Es el humorista más grande de todos los tiempos. Y aquí podría deciros muchas cosas del por qué de ese buen humor. Nos alargaríamos mucho y no es el caso.
Sólo me voy a permitir daros un rasgo de ese buenísimo humor ¿Cómo es posible que (como dice la canción) habiendo tantas mujeres en esta Villa y Puerto de Garachico, ese Dios grande, santo y fuerte, pusiera su mirada en una minúscula e insignificante adolescente? Sí, con sólo trece años, me dijo “tu vas a ser mía”. Al principio no me resistí, me pareció una idea estupenda, estar entre cuatro paredes para toda la vida. Pero… tuve unos meses de resistencia: ¡no! no podía ser. A mí me gustaba el cine, el baile, el fútbol, los baños de verano en el caletón etc…Sí, estaba dispuesta a ser buena chica, pero dejarlo todo…padres, familia…y un futuro por delante, incierto… vale, pero que podía ser malo o muy bueno. No, no quise e hice lo que pude por alejarme de esa llamada. Pero, quien no se alejó de mí, fue Él, el Señor, que aparte de tener un buenísimo humor, tiene una paciencia infinita. Yo me alejé, pero él me siguió y me persiguió. Y fue un día, durante la novena de San Roque. Algo que yo he percibido en mi vida es que el Señor me ha dado desde siempre un atractivo especial por la vivencia de la gracia de Dios. Ese día de la novena el párroco habló de la belleza de la gracia. Y aquella homilía fue la estocada final de la que el Señor se valió para darme la puntilla. Desde ese momento se acabó mi resistencia, me entregué con todas mis fuerzas y usé de muchas artimañas para conseguir el permiso de mis padres. Podría seguir…pero vale ya, no quiero cansar.
Eso sí, doy gracias de todo corazón a Dios que me eligió, se fió de mi y por su infinita ternura y misericordia he llegado hasta hoy. Le pido como Santa Teresa que sea ya para siempre, siempre, siempre.
Doy gracias a mi Madre Inmaculada que fue, en mi joven vida, una compañera inseparable durante bastantes kilómetros de mis primeros años consagrados. Ha cumplido a la perfección ese dicho de “A Jesús por María”, aunque para una concepcionista, por espíritu, por Regla, por Constituciones, por vida, María está siempre presente.
También, doy gracias a nuestra Madre Sta. Beatriz. Antes de entrar, casi no la conocía. Cuando la empecé a conocer, su vida inmaculista, su silencio, su ocultamiento, su fortaleza y esperanza me hicieron valorar lo grande y santa que era mi madre fundadora.
Doy gracias a mis padres, hermanos y hermanas, que aunque con dolor y sin comprenderlo, terminaron aceptando mi decisión.
Un agradecimiento especial para mi hermana Lola y mi maestra Dña. Emma, que con palabras y sus vidas me enseñaron, en aquella edad, el camino hacia Dios.
Quiero, dar las gracias a todas las hermanas que me recibieron y que de una manera u otra, me han ayudado a crecer, madurar. La mayoría ya están en la Casa del Padre. Y de las que aún permanecemos en esta aventura, a todas, a todas, les doy las gracias por todo lo bueno que de cada una he recibido y estoy recibiendo. En este punto, tengo que hacer un apartado especial para darle las gracias a mi hermana Ángeles, que en mis primeros años de vida religiosa, me ayudo mucho a seguir adelante. Que Dios te lo pague.
Y gracias a todas aquellas personas, que sin buscarlo, han ido pasando por mi vida hasta el día de hoy y han dejado en mi corazón la huella y el buen sabor de que Dios me ama y que, a pesar del cansancio y de los rotos del camino en mi vida, el me sigue diciendo: Ven, te necesito en esta pequeña parcela de mi Iglesia. Y aunque sea arrastrando los pies, quiero seguirle y le digo: Gracias, Señor, por tu infinita ternura y misericordia. Madre Inmaculada, que sería de mí sin ti…



