Toma de hábito
¡Ave María Purísima!, Soy Sor Maria Joana Filipa da Silva del Monasterio da Inmaculada Conceição de Campo Maior y os escribo para compartir lo que he vivido en mi Toma de Habito, que se realizó el día 3 de septiembre.
Después de un camino de discernimiento vocacional que empezó cuando terminaba el “ensino secundario” (el equivalente al bachillerato en España) y que continuó de una manera más intensa a lo largo de los tres años y medio de universidad, ingresé en este Monasterio en mayo del 2015, después de haber concluido la licenciatura.
A lo largo de estos quince meses de Postulantado fui procurando discernir lo que el Señor me iba pidiendo concretamente y, como brisa suave, el Señor fue pasando y mostrando que el camino efectivamente era por aquí y, por eso, a pesar de la resistencia que yo le ofrecía, Él fue trabajando mi corazón para, en el tiempo cierto, dar el siguiente paso – el Noviciado – ¡y llegó el “tiempo cierto” en el día 3 de septiembre!
El día amaneció con mucho sol y el recelo de que el calor fuese muy fuerte acabó por verificarse. Aunque era ya septiembre, el calor continuaba intenso y aunque el Señor no me quiso dar la gracia de un día fresquito, me ha concedido otras gracias que, además de me hacer olvidar el calor - que, al fin y al cabo, es simplemente una cosa exterior – me hicieron encontrar mucha paz. Hasta el nerviosismo que se hacía presente de forma suave antes de empezar la ceremonia, se desvaneció desde el inicio.
La ceremonia de la Iniciación a la Vida Religiosa, presidida por el Señor Arzobispo de Évora, D. José Alves, ha sido muy serena y muy bella. Como se me había dicho antes, mi foco estaba solamente en el Señor. Mis ojos estaban fijos en el Sagrario que estaba exactamente por detrás del Señor Arzobispo ¡y allí estaba el centro de todo! ¡Allí estaba el Señor manifestándose plenamente en mi vida! Realizamos el rito del corte del pelo y tampoco en ese momento, cuando me cortaban el pelo, mi atención se apartó de Él; y esta ha sido una gracia que siento que el Señor me concedió. Por eso, a cada corte, la certeza serena de que es este el camino a que el Señor me llama a recorrer, brotaba de mi corazón y me hacía sonreír serenamente.
Después del Rito de la Iniciación a la Vida religiosa, se inició la Eucaristía en acción de gracias y ha sido eso que intenté hacer durante este momento: ¡darle gracias a Dios por amarme tanto y por hacerme sentir tan amada!
El día continuó con una fiesta para los invitados y, también aquí, se me dió la oportunidad de ver milagros en la vida de las personas que no aceptaban ni comprendían mi decisión, y por eso se negaban a visitarme, y aquel día salieron del Monasterio con una sonrisa en los labios y seguramente con el corazón transformado.
El día 3 de septiembre ha sido para mí un día repleto de gracias, pero sobretodo un día en el cual el Señor me enseñó a agradecer profundamente las maravillas que viene haciendo en mi vida, en la confianza de que el camino es por aquí, en el silencio del claustro, siguiendo la estrella de nuestra Santa Madre Beatriz y procurando en todo imitar la pureza de nuestra Madre Inmaculada. ¡Bendito sea Dios!
Sor Joana Filipa da Silva
Monasterio de Campo Maior



