Carta en la solemnidad de Santa Beatriz 2016
La hermana María del Carmen Mariñas, Coordinadora de la Confederación Santa Beatriz de Silva, nos escribe la siguiente carta con motivo de la festividad de Santa Beatriz.
Estamos viviendo un año Jubilar, especial¬mente dedicado a la misericordia y en estas letras quiero dejar constancia de lo mucho que tiene que enseñarnos Santa Beatriz sobre ella, porque su vida nos revela que supo acoger, en su corazón, este inmenso regalo del amor misericordioso de Dios y lo dejó traslucir en su manera de amar y de perdonar.
El mismo Papa Francisco en la Bula Misericordiae Vultus nos dice: “La misericordia es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida” (MV 2). Ciertamente esta realidad es lo que sustenta nuestra vida y por eso Sta. Beatriz fue una mujer que supo construirse sobre este pilar firme, permitiendo al Espíritu estrenar, en ella, formas de amar a todos de manera que fuese anuncio de una nueva vida en el entorno palaciego de entonces, perdonando a quien intentó aniquilarla y viviendo su vida desde la clemencia, la compasión y la generosidad; realizando también obras fraternas, ya fuesen espirituales o corporales, particularmente hacia los más necesitados de su entorno.
En el lugar del encuentro, sea el cofre o su propio interior, Beatriz estuvo atenta a toda manifestación de Dios y de este modo se le hizo posible contemplar la misericordia de Dios abrazada en su Madre Inmaculada lo que le llevó a asumirla como propio estilo de vida, que desde este misterio de la gracia se hacía compromiso para “limpiar” el mundo.
De Beatriz aprendemos, sobre todo, una actitud, un estilo. Es el «estilo» con el que hemos de conducirnos en esta hora de la Iglesia. Un estilo al servicio de lo esencial que nos capacita para construirnos desde el misterio de la gracia que nos configura y nos permite alcanzar la pureza de mente y de cuerpo de Jesucristo y de su Madre ( CC GG. Art. 87), apartándonos de todo mal, haciendo siempre el bien (CC GG. Art. 88). Manifestando la ternura y el amor de Cristo en el respeto mutuo, en la confianza sincera, en la ayuda recíproca y en el perdón ofrecido como Dios nos lo ofrece en Cristo (Cfr. CC.GG. art. 103,1). Acogiendo caritativamente a las personas necesitadas que acudan a nuestros Monasterios y ayudándolas con palabras y obras, compartiendo con ellas, si fuese necesario, el propio pan (Cfr. CC GG. Art.121).
Este Año Santo nos despierta a todas nuestra llamada personal y comunitaria a ser también misericordiosas y a comunicar misericordia. Cada una nos sentimos llamadas a experimentarla, agradecerla y divulgarla a través de nuestro testimonio de vida y con los medios con que contamos. Uno de ellos es la oración, la súplica confiada ante Dios que está deseoso de derramar su amor misericordioso sobre el corazón de todos los hom¬bres. La oración es una obra de misericordia espiritual, que quiere llevar todo al corazón de Dios, a su corazón de Padre.
Además, con nuestro testimonio de vida, según lo expresan nuestras constituciones, se nos brinda la posibilidad de ofrecer al mundo un mensaje de amor, de paz y de alegría (Cfr. CCGG. Art. 71) que llegará a los hombres y mujeres de hoy ofreciéndoles confianza en Dios que pueda servirle de interrogante a quien intente alejarse de Él; deseando llenarnos de su gracia y mirando la vida con los ojos de María para desterrar culpabilizaciones interminables; poniendo confianza frente al lamento pesimista; prestando ayuda para que los pobres se sientan, realmente, los más enaltecidos como cantamos en el magníficat; y viviendo con gozo nuestra propia vocación contemplativa.
Pidamos la intercesión de Sta. Beatriz para que nos ayude en este tiempo de gracia que es un año jubi¬lar para que podamos colaborar con el amor misericordioso de nuestro Dios y éste llegue abun¬dantemente a todos los hombres.
Tal como es el deseo de Sta. Beatriz seamos, como Ella, madres y hermanas para los demás.
Me uno a todas las demás Presidentas en este día de gozo y acción de gracias que anida también en vuestros corazones y que toda la Orden tributa al Señor y a María por habernos dado una Madre tan singular. También felicito a todas las hermanas, especialmente a las que llevan el nombre de Beatriz.
Un fraternal abrazo:
Hna. María del Carmen Mariñas
Coordinadora.



