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CRONICA DEL CURSO DE FORMACIÓN PERMANENTE “REVITALIZAR EL DON DE LA VIDA FRATERNA”


10 Agosto 2016
CRONICA DEL CURSO DE FORMACIÓN PERMANENTE  “REVITALIZAR EL DON DE LA VIDA FRATERNA”

Del 31 de Julio al 6 de Agosto nos reunimos en la casa de Ejercicios de Villagonzalo (Badajoz), un grupo de  hermanas procedentes de los monasterios de Cádiz, Campo Maior, Cuenca, Garachico, Lebrija, Mairena del Aljarafe, Osuna, Sevilla y Viseu, para asistir al curso de formación permanente que, como cada año, organiza nuestra Federación de Santa María de Guadalupe.

El tema elegido para este curso, pensado alrededor del Jubileo de la misericordia, fue la vida fraterna, y el título:  “Revitalizar el don de la vida fraterna”.

Empezamos el domingo 31 con la presentación del curso por parte de nuestra hermana Presidenta Mª José Hidalgo. Nos animó, como no podía ser de otra manera, a que viviéramos el curso con intensidad pues se trataba de un tema esencial en nuestra forma de vida y sobre el que siempre necesitamos reflexionar juntas. Aunque sentía que éramos una representación  pequeña de toda la Federación, nos trasmitía que Dios nos había convocado a nosotras y teníamos una llamada y tarea personal en nuestras comunidades. 

Fray Manuel Díaz Buiza, hermano franciscano de la Provincia de la Inmaculada Concepción, apenas necesitó presentación pues es muy conocido por muchas de nosotras. Nos ha acompañado en numerosos encuentros de formación así como en la Asamblea federal.

Desde el primer momento, nuestro hermano Manolo, nos animó a que cayéramos en la cuenta, de que en muchas ocasiones, la vida fraterna está “echando aguas” por muchos sitios, y que en efecto había que “revitalizar” este don, teníamos que empezar a vivirlo de otra manera, poniéndonos “a merced de los hermanos”, esto quiere decir que yo ya no vivo para mí, sino para los demás, para servir, para desvivirme, para no pensar tanto en mí, para creerme que yo no puedo ser feliz, si no son felices las personas que me rodean, y si lo soy, es que algo en mi vida de fraternidad está fallando, ya que solo podré ser feliz, en la medida en que los demás también lo sean. Parece algo “fuerte”, pero si lo pensamos es cierto, mi felicidad solo puede depender del “bienestar” de la gente que me rodea, en nuestro caso esa “gente”, son nuestras hermanas de comunidad, nuestra federación, nuestra Orden. 

Para conseguir su objetivo, y siempre desde su experiencia de hermano, empezó por recordarnos el texto de 1 Cor. 12, 4-11, que nos habla de la diversidad de dones en un mismo espíritu.

Después se fue adentrando más de lleno en el tema, y por eso nos habló del cuidado como una actitud de ocupación, de preocupación, de compromiso afectivo con el otro es decir, con nuestras hermanas de comunidad, con nuestra federación, con nuestra Orden. Lo ilustró con una película donde claramente se hacia referencia al cuidado, “Marie Huertin”, que trata de la historia de una sordomuda y ciega que gracias a la tenacidad y al cuidado de una religiosa, es capaz de integrarse completamente en este mundo del que estaba totalmente aislada.

Los días fueron pasando, y no podía faltar la palabra del magisterio, así que estuvimos tratando lo que los últimos papas habían dicho sobre la vida fraterna, o lo que es lo mismo la vida en común.

Tuvimos que entrar de lleno en lo que es la vida fraterna, y para eso nos habló de ser humanos en los conflictos. Lo queramos o no, están ahí, y tratarlos con humanidad puede llegar a convertirse en un dinamismo de crecimiento y de vida. Estuvimos comentando algunos conflictos que se pueden dar en nuestra fraternidad y la manera de afrontarlos.

El último día estuvo dedicado a aprender a actuar en clave de “nosotros” porque eso somos,  para eso nos ha llamado el Señor, no nos ha llamado para vivir en “islotes”, sino para vivir en comunidad, y la comunidad la construimos entre todas.

Bueno, no solo nos hablaba el profesor, las reuniones de grupo y la puesta en común no faltaron. Al tratar de la vida fraterna, este era un tema fundamental, ya que es en el trabajo en grupo, donde mejor se “palpa” la fraternidad, la puesta en común si la hacíamos con él, y esto era lo que más nos ayudaba, ya que allí reflejábamos nuestras dudas, nuestras creencias, nuestras experiencias y por supuesto todo aquello de lo que habíamos tratado en el grupo. Una de las tardes, en la capilla contigua a la clase, celebramos una preciosa oración compartida con María, maestra de nuestra vida.

El curso culminó con una peregrinación a Guadalupe para celebrar el Jubileo de la Misericordia junto a la Patrona de la Federación.. Además se celebraba también el Año Santo Guadalupense, con lo cual era doble el júbilo. Allí se unieron a nosotras Sor Mª de la Cruz, de la Comunidad de Mairena del Aljarafe, y varias hermanas de la comunidad de Cabeza del Buey, así como algunos hermanos laicos que nos acompañaban. Todas como federación, como hermanas que siguen un mismo camino, que pertenecen a una misma orden, queríamos peregrinar. En nuestro corazón iba el recuerdo de todas las que se quedaron en las comunidades.

La visita al Monasterio guiada por Fray Javier, fue otro encuentro entre hermanos, se portó con nosotras como un verdadero hermano. Nos sentíamos como en familia.

Sobre las 12 celebramos la Eucaristía presidida por Fray Joaquín, nuestro Asistente  y concelebrada por  Fray Manolo. Comenzamos con  una peregrinación hacia el altar cantando las loas a la Virgen de Guadalupe y una monición de entrada. Fray Joaquín, en la homilía nos volvió a recordar el tema que nos congregaba, el Jubileo de la Misericordia, y el fin por el que el Papa ha congregado este Año santo, ya que si hemos sentido la misericordia de Dios en nuestra vida, no podemos hacer otra cosa que tener misericordia con los que nos rodean. Ofrendas, preces, bellos cantos, todo fue preparado por la Comisión federal de Contemplación y vida. Para terminar subimos al camarín de la Virgen, allí besar su medalla  y hacernos con ella  la foto oficial. 

Por la tarde, tras la comida, tuvimos la despedida a la Virgen con una oración compartida. Regresamos a Villagonzalo, contentas y alegres por haber disfrutado de un encuentro tan fraterno.

Y como no, deseando llegar a nuestras casas, para poder compartir con nuestras hermanas todo lo vivido en estos días.

Hna. Mariluz de la Anunciación
Monasterio de Santa María de la Piedad – Cádiz

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