COMIENZA LA SEMANA SANTA
Con el Domingo de Ramos, damos comienzo a la Semana de Pasión, la Semana Santa. Se acercan los grandes misterios de nuestra redención: la Pasión y Muerte del Señor. Dios nos entrega a su Hijo por amor y Él mismo se entrega a nosotros por amor.
Con los ramos de olivo lo aclamamos con rey y Mesías: un rey manso y humilde, montando en un pollino de asno. Es un rey que viene a traernos el amor y la paz.
Durante estos días benditos celebramos y vivimos con solemnidad el triunfo del amor sobre el dolor, el triunfo de la vida sobre la muerte, comulgando con los padecimientos del Señor hasta hacernos semejantes a él.
Durante estos días, vamos a orar y contemplar a Jesús, acompañándolo en su Pasión. Aunque nos puede resultar difícil contemplarlo, vamos a descansar en su Pasión porque Él ya se agotó para que nosotros descansáramos.
San Francisco de Asís oró y estudió tanto al crucificado que se lo sabía de memoria. Lo miraba con tanto amor que llegó a compenetrarse con Él. Aprendió a sufrir, a callar, a perdonar, a despojarse de todo hasta hacerse él mismo imagen vida y doliente de Cristo crucificado.
Miremos bien, contemplemos a Cristo crucificado para comulgar con él, para participar de sus mismos sentimientos de amor y entrega. Y no sólo por mí; se entregó por todos como oblación y víctima de suave aroma. Se entregó por nosotros, se entregó por la Iglesia, se entregó por todo el mundo, murió por todos.
Contemplemos a Cristo para escuchar sus palabras: tengo sed de ti por quien he derramado mi sangre.


