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No nos dejes caer en la indiferencia


25 Septiembre 2022
No nos dejes caer en la indiferencia

«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. (...) Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni, aunque resucite un muerto.»

El evangelio del día de hoy, nos llama a reflexionar, no solo en nuestra relación con los bienes materiales sino también en la relación con los hermanos que viven a nuestro lado. 

En el inicio del Evangelio de hoy Lucas nos presenta a un hombre que, por haber llenado el corazón de los bienes materiales se ha alejado de Dios y del hermano que está a su puerta esperando su misericordia. El rico de la parábola nos muestra la dureza a que puede llegar nuestro corazón si dejamos que las cosas de este mundo ocupen el lugar del Amor. El rico de la parábola pone al descubierto un pecado muy común en nuestro mundo, y para el cuál el Papa Francisco siempre nos está alertando: el pecado de la indiferencia. El rico tenía a su puerta al pobre Lázaro y apenas se da cuenta. ¿Cuantos pobres tenemos a nuestro lado a quien despreciamos o que hasta llegan a molestarnos porque nos descolocan? 

Mientras avanzamos en la parábola nos damos cuenta a donde nos lleva la indiferencia, la soberbia de creernos que no necesitamos de Dios y de creernos superiores a los demás. El rico, por su indiferencia, por su egoísmo y su soberbia acaba él mismo condenado y necesitado de ser saciado por aquel que antes esperaba su misericordia. 

Al final de la parábola el rico implora la misericordia de Abrahán para su familia, para que ellos no sean condenados al suplicio como él. Abrahán le enseña que Moisés y los profetas fueron colocado por Dios para llamar los hombres a la conversión; si no creen en ellos que de forma clara y encarnada presentaron la misericordia y el rostro de Dios, no acreditaran «aunque resucite un muerto», pues tienen el corazón cerrado y lleno de los ídolos de este mundo. Jesucristo resucito para aquellos pobres de corazón que no se dejan atrapar por los bienes y riquezas de este mundo, pero «más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos» (Mt 19, 24). 

Pidamos esta semana al Señor "que no nos deje caer en la indiferencia", para que podamos atender a los hermanos reconociendo en ellos el rostro de Jesus que se acerca a nosotros. Pidámosle la gracia de un corazón pobre, capaz de entrar en el Reino de los Cielos.