«Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta»
XXIV Domingo del tiempo ordinario
"Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo esta parábola: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse." Lc 15, 1-7
La liturgia de hoy no presenta a los varios rostros de Jesús. Él es "el Camino, la Verdad y la Vida", un Dios que se hace hombre para que, como Moisés al pueblo de Israel, guie a su pueblo hasta la nueva tierra prometida e intercede y suplica con su propia vida al Padre por la salvación del pueblo pervertido (1ª lectura). Jesús es la Misericordia que se acerca de los pobres y oprimidos, que escoge para sus ministros a los perseguidores, blasfemos e insolentes como San Pablo y los llena de su gracia (2ª lectura). Jesús es el pastor que no abandona sus ovejas y que siempre se alegra con el reencuentro; es el corazón del padre que ama a su hijo perdido y siempre lo anhela, pero que también se humilla delante del hijo fiel implorándole la comunión y la unidad entre todos sus hijos (Evangelio).
- En nuestra oración de hoy demos gracias a Dios por ser sus hijos y pidámosle la gracia de dejarnos guiar por Jesús que es Camino, Verdad y Vida; pero pidamos también la gracia de, como seguidores de Jesús, ser también nosotros guías de las ovejas perdidas de este mundo.
- Recordemos nuestra vida y nuestra historia y en la oración traemos al corazón todos los momentos en que Dios derramó su misericordia sobre nosotros y se acercó a nuestro pecado. Pidámosle la gracia de poder también nosotros usar de misericordia para con nuestros hermanos.
- Demos gracias al Señor por haber ido a buscarnos cuando nos hemos alejado de Él; démosle gracias por tantas veces haberse humillado delante de nosotros implorando nuestra conversión y pidámosle la gracia de poder construir Su Iglesia, buscando siempre la comunión y la unidad entre todos los que aman a Dios.



