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Vivencias de las bodas de oro de una contemplativa


15 May 2013

 

 

Sor Mª de los Ángeles Salvador, Monasterio de Garachico

En un programa de TVE, antes del Día del Libro, se animaba a la lectura con el eslogan LEER ES VIVIR. Es posible que sea así.

Lo que sí puedo asegurar por propia  experiencia es que RECORDAR, SÍ QUE ES VIVIR Y REVIVIR.

¡Cuánto me han ayudado mis hermanas de Comunidad para que la vivencia de poder llegar al medio siglo de mi consagración al Señor fuera de verdad un motivo extraordinario para dar gracias a Dios!

Mi deseo era celebrarlo en la intimidad, con la Comunidad y mi familia. Pero ni la Comunidad, ni mi familia ni infinidad de personas que tuvieron conocimiento de tal efeméride, me lo han permitido, asegurando que un hecho de tal relevancia no podía pasar inadvertido.  A mí me dejaron al margen de la organización. Así pude dedicarme a repasar el cúmulo de gracias recibidas, teniendo, la víspera, un día entero de “desierto”. Ver álbum de fotos

El día 4, desde las primeras horas de la mañana, de puertas adentro del Monasterio, todas las Hermanas se volcaron en agasajos, despertándome con el “Gracias, quiero darte…” Después de la oración de la mañana: desayuno extraordinario, felicitaciones, regalos y la sorpresa de un canto compuesto para la ocasión.

La vida es un camino largo. Y, al llegar al quincuagésimo aniversario de mi profesión religiosa como Concepcionista Franciscana, he vuelto la vista atrás, no porque sea el final, sino para dar gracias a Dios y reafirmarme en la voluntad de proseguir mi marcha hacia la meta con la mano en el arado, gastando mi vida escondida con Cristo en Dios, al servicio de mis hermanos, los hombres y mujeres de todo el mundo.

Las 5,30 de la tarde era la hora señalada para la Solemne Eucaristía de Acción de Gracias. Nuevas sorpresas: Monición de entrada con el Canto: “¡Qué detalle, Señor…!, intervención del Coro de Cámara de Garachico, canto del Ave María de Schubert por Beatriz, nuestra profesora de Música.

Y la Homilía. El sacerdote glosó una parte del famoso poema de Santa Teresa de Jesús: Vuestra soy, para vos nací/ Vuestra soy, pues me creasteis./ Vuestra soy, pues me redimisteis./ Vuestra soy pues me llamasteis./ Vuestra soy pues me sufristeis./ Vuestra, pues no me perdí./  ¿Qué mandáis hacer de mí?  Hablad, mi Señor, hablad/ Que a todo diré que sí.

El comentario al poema puede resumirse en tres palabras: GRACIAS, PERDÓN Y AQUÍ ESTOY.

Gracias por el don de la vida, recibido en el seno de una familia cristiana sobre la que Dios derramó abundantemente sus bendiciones. Gracias, porque al de la existencia, recibí el regalo de fe poco después de nacer. Gracias por el regalo asombroso de la vocación a la vida contemplativa en la Orden de la Inmaculada Concepción.

Luego, poniendo en el otro platillo de la balanza, mi respuesta al Señor durante estos 50 años y pensando en mis debilidades y deficiencias, fijándome en el ..”me sufristeis” me sentí obligada a decir: PERDÓN.

Luego, después de esta confesión de vida y llena de consuelo por el hecho de haber podido ser fiel durante estos 50 años, manteniendo el firme propósito de seguir respondiendo generosamente a su llamada, la tercera palabra: AQUÍ ESTOY, expresada en la renovación de mi Consagración al Señor, al término de la Homilía, a la que siguió el Canto del Ave María.

Resulta imposible expresar  con  palabras tantas emociones, comenzando por el gran número de fieles que llenaban la Iglesia de nuestro Monasterio, siguiendo por los tres Sacerdotes que concelebraron: Don Francisco, nuestro párroco y capellán, Don Fernando, Delegado Diocesano para el Clero y D. Vicente Cruz, Penitenciario y Capellán del Monasterio de Dominicas de Santa Catalina de Siena, de La Laguna, que presidió la celebración, los miembros de mi familia…

Ni que decir tiene que tuve presentes a todas las Hermanas de la Orden, especialmente a las de nuestra Federación.

Al final de la celebración, con emocionadas palabras di las gracias a todos, pidiendo al Señor que les premiara tan inmerecida generosidad para conmigo.

Y aquí no acaba todo, mis familiares y algunas amigas de Garachico se volcaron para preparar un variado y abundante brindis, que fue compartido fraternalmente en la Hospedería  de nuestro Monasterio.

Al terminar la jornada, antes del descanso, con el corazón lleno de alegría y de  emociones me volví nuevamente  al Señor para ofrecerle  mi más sentida Acción de Gracias porque, como en María y salvando las distancias, se ha dignado hacer obras grandes en mí. Á El la gloria y la alabanza por siempre. Y con Él también a la Madre Inmaculada que ha velado mis pasos desde mi infancia a la sombra de la Torre de la Parroquia que lleva su nombre en la Ciudad de La Laguna, hasta la entrada en el Monasterio de Garachico.