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La valía de una vida de entrega sólo se escrutará en el Paraíso


07 Julio 2023
La valía de una vida de entrega sólo se escrutará en el Paraíso

«Como busca el ciervo arroyos de agua así mi alma te busca a ti Señor»

La primera vocación del Monasterio de Santa Beatriz de Silva ubicado en Viseu – Portugal, hace ya 50 años de Vida Religiosa y este año 94 de edad… ¡Es la belleza de una vida de entrega!

Fue en 1973 que hizo su Profesión Simple la hermana María Manuela del Santísimo Sacramento, en el Monasterio de Campo Maior, tierra de su amada fundadora. Hacía tres años que las hermanas estaban empezando la comunidad de Viseu y por eso esta hermana nos conoció, pues vivía en esta ciudad. Su vida estuvo marcada por la oración, la adoración al Santísimo Sacramento, el amor a la Virgen María y la generosidad para con los pobres; perteneciendo a muchos movimientos que promovían estas prácticas. Hizo sus votos en privado, para poder cuidar a su madrina, que no tenía hijos; pues fue su verdadera madre desde muy niña, por eso ella sentía su deber de hija con un corazón lleno de gratitud…

Como ciervo sediento de agua pura, entró finalmente como era su deseo, desde muy pequeña, en la Vida Religiosa en la pequeña comunidad de Viseu, pero el Noviciado lo hizo en Campo Maior, por ser esta la comunidad madre.  Unos meses después de hacer la primera profesión vino a juntarse a las hermanas que le dieron a conocer nuestro bello carisma.

Hace 50 años, con gran júbilo celebramos el don que fue y es esta hermana para nuestra Comunidad, para la Iglesia, para el mundo con su vida de entrega e intercesión permanentes.

Después de la oración de la mañana, caminamos hacia el refectorio cantando el Magnificat. Teníamos preparadas muchas sorpresas para la hermana, y nos alegró mucho su sonrisa y su asombro sobre todo ante el regalo de algo que jamás utilizó en sus más de 90 años… ¡Unos zapatos deportivos! Muy cómodos y ajustados a su necesidad… También hemos visto una presentación con las fotos más significativas su vida.

Tuvimos la Eucaristía por la mañana concelebrada por dos sacerdotes amigos, todo muy solemne, y aún más con su sonrisa sencilla y profunda.

Fueron días de verdadero gozo y alegría fraterna con los corazones llenos de recuerdos y alabanzas por el camino personal y comunitario de esta hermana.

En su interior resonaba la jaculatoria de San Ambrosio:

«Esté en cada uno(a) el alma de María para glorificar al Señor; esté en cada uno(a) el espíritu de María para exultar en Dios»

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