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Santa Beatriz 2013, Hna. Coordinadora


16 Agosto 2013

Celina Arranz OIC

Coordinadora de la Confederación Santa Beatriz de Silva

 

Queridas hermanas: en la alegría de la Fiesta de la Asunción de María y de nuestra  Santa Madre, os deseo la Paz y la alegría del Señor.

Estamos celebrando el Año de la Fe, y  el Señor nos regala poder ahondar y celebrar el gran don recibido en el Bautismo, puerta que se abrió para nosotras y por donde nos llegaron todos los bienes. Creer es un regalo que nunca agradeceremos bastante, y mantenernos en la fe es un  don que humildemente tenemos que pedir cada día, y cuidar con esmero.

En la reciente Encíclica del Papa,  “Lumen Fidei” se nos habla entre otras cosas de la FE como luz, como llama que ilumina la vida… y así  es, porque como alguien ha escrito:  “Si Dios existe, todo es diferente”.

Y nuestra vida de fe, se ve iluminada, sobre todo por la Palabra viva y verdadera de Dios, que cada día se nos ofrece abundante en la Liturgia; se alimenta con el Cuerpo del Señor y se robustece y purifica a través de los Sacramentos.

Y  en esta Fiesta de la Asunción miramos a María, como luz que ilumina nuestra fe, ella la sostiene como una llamita pequeña entre sus manos, nos llena de alegría y de esperanza, porque lo que Dios ha hecho en Ella, lo hará también un día con nosotros, y esta esperanza nos consuela y ensancha el corazón: “porque “la fe es un don gratuito de Dios que exige la humildad y el valor de fiarse y confiarse, para poder ver el camino luminoso del encuentro entre Dios y los hombres, la historia de la salvación” (nº 14).

 

 

 

María se fió de Dios, toda su vida fue un dejarse llevar a donde Él le iba indicando, a través de los acontecimientos, de las personas, de la historia concreta que le tocó vivir… y sobre todo se dejó llevar por lo que su Hijo le iba mostrando, aún sin comprenderlo tantas veces y guardando todo en su corazón. Ella es la mejor Maestra para nuestra fe, la Mujer de la escucha, de la decisión, de la acción –como nos ha dicho el Papa Francisco en una de sus homilías-.

Vivir con la Iglesia el año de la fe, es valorar este don, cuidarlo, reavivarlo. Valorar también nuestra vocación contemplativa como un don precioso recibido de Dios y “vibrar de gozo y gratitud por una vocación de privilegio que hemos recibido sin merecerla, con los valores propios de una vida contemplativa monástica que se ocupa solo de Dios y es, desde la oblación, la oración y la alabanza, bendición para toda la Iglesia (carta de J.R.  Carballo en el V Centenario de la R. pág. 18)

Al celebrar  la Fiesta de nuestra Santa Madre Beatriz, en este Año de la Fe, también pensamos en su fe callada, pero firme. Ella fue  una mujer creyente, que supo escuchar a Dios, decidida en lo que iba viendo y descubriendo en la vida como voluntad de Dios, y poniendo en acción toda su persona, a fin de llevar adelante el proyecto de Dios sobre ella y su Familia, aunque no pudo ver lo que tanto deseó… pero Dios realizó, como en la historia de Abrahán, lo que ni ella soñó. Y somos nosotras ahora, las continuadoras de su  proyecto, que no es otro que lo que Dios ha soñado para cada una, como personas y como concepcionistas franciscanas.

Queridas hermanas, vivamos en sintonía con la Iglesia, con nuestro Papa Francisco que claramente y sin rodeos nos va diciendo cómo quiere que sea la Iglesia hoy. Y que nuestra vida sea como una luz que oriente a nuestros hermanos, hacia esa Luz sin ocaso que llena de sentido y esperanza nuestra vida… que sepamos decir una palabra  creíble a un  mundo que  parece se aleja de su Centro, pero que es amado por Dios y al que nosotras también tenemos que amar. Cuando parece que se eclipsa la fe, vivámosla con más fuerza, más convencidas, más enraizadas en la Palabra salvadora de Dios y  poniendo nuestra llama al lado de tantas llamas de hermanos y hermanas creyentes, para que el mundo vea y pueda y quiera recibir la salvación que Dios nos da, por medio de su Hijo  Jesucristo nuestro Redentor.

Vivamos hoy más que nunca este sentido de Orden, como nos decía nuestro anterior Ministro General en la carta antes citada: “Es hora de comunión y fraternidad, hora de más profundo sentido de Orden, la Orden de la Inmaculada Concepción… y cuidemos sus mediaciones como Federación, Confederación, comunicación, colaboración y amor sincero”.

Nos unimos pues, con  gozo, en estas Fiestas de la Asunción de María y de nuestra Santa Madre, para dar gracias juntas al Padre, porque nos ha llamado a ser en la Iglesia Esposas de Jesucristo Redentor, honrando a la Inmaculada, tal como deseó para nosotras nuestra Madre Beatriz. Pidamos, con el Papa , “este don de la fe para todos nuestros hermanos y para nosotras especialmente, para que se abran nuestros oídos a su Palabra, se avive nuestro deseo de seguir sus pasos, dejándonos tocar por su amor, para que podamos tacarlo por la fe… siembre en nuestra fe la alegría del Resucitado y nos recuerde  que quien cree nunca está solo… y nos enseñe a mirar con los ojos de Jesús, para que él sea Luz en nuestro camino y esta luz crezca sin cesar en nosotras hasta llegar al día sin ocaso, que es el mismo Cristo”.(LF nº 60) y con María y Beatriz cantaremos eternamente las Misericordias del Señor.

Un abrazo a todas y mi felicitación para las que en estos días celebráis vuestros santos.

Vuestra hermana

Celina Arranz OIC