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Santa Beatriz 2014, carta de la Hna. Presidenta


16 Agosto 2014

¡¡FELIZ DIA DE SANTA BEATRIZ!!

Hna. Mª de la Cruz Alonso Paniagua, Presidenta

 

Queridas hermanas: Que el gozo del Espíritu colme vuestro corazón.

Un año más al llegar su fiesta, nos acercamos a contemplar la figura entrañable de Santa Beatriz, Madre e inspiradora de nuestro carisma.

En el mes de agosto tenemos que mirarla y profundizar en su espíritu y sobre todo con relación a María, figura que celebramos cercana a su fiesta.

Santa Beatriz bebió de la fuente de la Inmaculada todo lo que en su vida aconteció. Los hechos y la forma de vivirlos estaban inspirados en la persona de María de Nazaret, por un lado entregada al Padre, dependiente de su voluntad, por otra, entregada al servicio a los hermanos, en medio de una vida sencilla, humilde, callada, sin hacer ruido pero trasmitiendo el flujo del Espíritu a su alrededor.

Santa Beatriz vivió de ese flujo y reflujo emanado de la vida de María Inmaculada, de ahí ese amor y ese plegarse al Misterio de Jesucristo nuestro Redentor.

Ella, además de adentrarse en las profundidades del misterio de Cristo, en su pasión,  vivía con profunda fe y sumisa aceptación  todo lo que acontecía en su vida, la huida de la Corte, treinta años de silencio oculto en un monasterio, la puesta en marcha de aquello que María Inmaculada la revelara hacía tanto tiempo, la visión misteriosa de la lámpara, el anuncio de su muerte en un momento tan crucial para su comunidad, llena de ilusión por el comienzo de su proyecto de vida. Nada de ello debió serle fácil. Cuántas dudas, cuánto sufrimiento, cuánta incomprensión debió vivir. Pero sabía de Quién se había fiado y caminaba segura aún sin entender.

Santa Beatriz debió ser modelo de generosidad y fortaleza para aquellas jóvenes compañeras. No me la imagino contrariada, ni dudosa del futuro, ni quejándose en el aparente fracaso. Me la imagino aceptando el sufrimiento, como María al pie de la Cruz, serena, disponible a los planes de Dios, con mucha esperanza, confiando en el amor que da sentido y llena su existencia.

Quiero pensar en Santa Beatriz, viviendo todo el proceso de su carisma en “oblación personal”, como hostia viva”, prolongando su Eucaristía en cada momento, como fruto de las pocas Eucaristías que pudo vivir, ya que en aquellos tiempos no eran tan frecuentes. Sin embargo su amor al sacramento fue profundo, oblativo, entregado, y así nos lo trasmitió.

Hermanas, estamos viviendo un tiempo de gracia, aún en medio de nuestras dificultades. Cada día que nos regala el Señor es para que vivamos en plenitud ese hermoso carisma que nos ha dado, ese encuentro personal con Él que nos invita a entrar más adentro hasta llegar al fondo de nuestro ser. No  tengáis miedo, Él lleva las riendas de nuestra existencia, Él lleva el timón de la Iglesia, de nuestra Orden, de nuestra Federación y Comunidad. Lo nuestro es estar atentas, escuchar, dejarnos conducir, vivir en plenitud el gozo de nuestra vocación, dejarnos arrastrar por la “corriente de agua viva que salta hasta la vida eterna”, siempre  como María de Nazaret, ligera, libre, dependiente solo de la “brisa tenue” del Espíritu.

Hemos de andar de puntillas sobre todas nuestras seguridades, sobre todos nuestros criterios, sobre todo nuestros deseos, para que el Esposo pueda llevarnos de acá para allá como mejor le plazca. Así caminó Santa Beatriz.  Daos cuenta que después de esperar tantos años hasta poner en pie aquello que albergaba en su corazón, ni siquiera lo vio totalmente realizado. Dios nos hizo nacer como Orden cuando quiso y nos tendrá hasta que quiera, lo grande es que llevamos cinco siglos. ¿Podemos dudar de que el Señor lleve las riendas? En estos temas, solo nos cabe dudar de nuestra docilidad. Miremos a  Beatriz  que fue dócil y se prestó al plan de Dios.

En este día os felicito a todas con todo mi cariño y  especialmente a las que llevan el hermoso nombre de Beatriz y os animo a caminar unidas, orando unas por las otras junto a María Inmaculada.


Hna. Mª de la Cruz Alonso Paniagua

Presidenta

2 de agosto de 2014