Mensaje de Pascua

HNA. MARÍA DE LA CRUZ ALONSO PANIAGUA, Presidenta
¡Aleluya!, ¡Ha resucitado el Señor!!
Mis queridas hermanas: Paz en Jesucristo Resucitado.
Después de vivir intensamente en la Cuaresma la búsqueda de Jesucristo nuestro Redentor, llegamos a la Pascua y seguimos buscando y buscando, como María Magdalena, hasta que Cristo Resucitado se haga el encontradizo con nosotras, o mejor, hasta que nosotras dejemos de jugar al escondite con él.
Dejar de jugar y rendirnos a dejarnos encontrar por él, nos parece complicado, costoso, comprometido, una aventura desconocida que nos da vértigo, pero no, no es nada de eso, al contrario, da la alegría, la felicidad, la plenitud. Cuando nos dejamos alcanzar por Dios, cuando nuestra fe la ponemos en activo en el diario vivir, todo es más luminoso, más gratificante, nos hace desviar la mirada de nosotras para dirigirla a las que están a nuestro alrededor.
En la Carta de la Congregación para la Vida Consagrada “ALEGRAOS”, se nos dice que hemos de ser “Iconos vivientes de la maternidad y de la cercanía de la Iglesia, vamos hacia quienes esperan la Palabra de la consolación, inclinándonos con amor materno y espíritu paterno hacia los pobres y débiles”.
Durante la Pascua estemos inquietas por encontrarnos con el Resucitado, y el Resucitado puede ser una hermana que necesita tu atención y tu cariño, el Resucitado puede ser, poner tu nota de alegría, de serenidad, de comprensión, de disponibilidad, de colaboración, de respeto y tantas cosas más, a una situación inesperada que nos toca vivir en comunidad. El Resucitado puede ser…
Esperemos el primer día de Pascua como María. El Papa nos dice que “la única lámpara que había en el sepulcro de Jesús es la esperanza de la Madre y pregunta: En los monasterios ¿está aún encendida esta lámpara?, en los monasterios ¿se espera la mañana de Dios?”
Sabemos de nuestros pecados, sabemos de nuestro dar largas a la gracia de Dios, pero vivimos con la esperanza de que Él es fiel y ninguna promesa, aunque pase el tiempo y no veamos el final, puede dejar de cumplirse. Vivid en esperanza, pero siendo peregrinas de la misericordia, de la confianza, de la aceptación. Vamos haciendo el camino con Él hacia Jerusalén, para cada día encontrarnos con el Resucitado, si no en las primicias del huerto, al menos, en Galilea.
El tiempo de Pascua, las celebraciones litúrgicas que tienen lugar, e incluso la explosión de la primavera nos facilitan vivir jornadas más intensas de fraternidad. Cuidémoslas, no dejemos pasar esas ocasiones tan hermosas de vivir lo gratuito, lo que no está legislado, vayamos al encuentro de la hermanas.
Os deseo días gozosos de contemplación y de fraternidad. Estaremos unidas especialmente la jornada del 30 de abril , día de la Vocación Concepcionista.


