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Los días del Triduo Pascual


16 Abril 2014

Tomado de Pascua Franciscana. Contigo quiero esperarle.

Provincia de la Inmaculada Concepción

JUEVES SANTO

Los cristianos no somos islas. Somos hermanos, y los hermanos interactuamos unos con otros. Todo lo vivimos juntos, por eso, este día, como el resto de días, queremos vivirlos en comunión unos con otros, estemos donde estemos, sea el estilo de pascua que sea. "Contigo" quiere decir eso, contigo, es decir, tú y tú juntos queremos unirnos íntimamente a Jesús durante estos días y de manera particular este día en la celebración de la Cena del Señor.

Su palabra y sus gestos nos van a decir mucho. Desde ya hemos de sumergirnos en la fuerza esperanzadora que contienen todos ellos.

Es importante recordarnos que el Triduo Pascual está formado por el Viernes, Sábado y Domingo de Pascua: o sea, los tres días de la muerte, sepultura y resurrección del Señor. Esos tres días forman el Gran Día, centro de todo el año cristiano. Por tanto, en rigor el Jueves Santo no pertenecería a ese Triduo, sino que más bien sería el último día de la Cuaresma.

 

 

 

Pero la celebración de la cena del Señor la tarde del jueves hace que se considere parte de estos tres días. Por eso, aunque se le conceda el relieve que se merece, conviene evitar que el Jueves parezca ya la gran celebración del año. La del Jueves debería revestirse de una cierta sobriedad (aún dentro de su emotividad, por celebrarse en la noche “en que el Señor fue entregado”). La dinámica pascual debe respetarse. Y esa dinámica va de la austeridad a la alegría, de la muerte a la resurrección. Pastoralmente, se ha convertido en día de la caridad. Litúrgicamente, el Jueves Santo conmemora lo que Jesús vivió en la última cena de despedida y el "día en que Cristo fue entregado". La memoria de la entrega es el distintivo religioso principal del Jueves Santo. Evitemos que el Jueves se convierta en una celebración aparte, haciendo de él como un “día de la caridad”, o “de la Eucaristía” o “del sacerdocio”. Hay que situar, decididamente la celebración de hoy cara a la Pascua, que tiene su, culminación en la Vigilia.

VIERNES SANTO

Hay muchos deseos en las personas que se ajustan a criterios de comodidad o de conveniencia. Querer contemplar el dolor,

la injusticia, la agonía, la muerte no es algo que nos sale tan fácilmente. ¿Qué quieres hacer este día? ¿Por dónde quieres transcurrir? Hoy, Jesús nos propone algo que no es fácil de digerir, pero que resulta ineludible si queremos entrar de lleno en el misterio de este hombre.

Porque hoy empezamos, propiamente, la celebración de la Pascua. Pascua significa “paso”, el tránsito de Jesús a través de la muerte a la Nueva Vida. No es correcto quedarse sólo en el aspecto de la muerte ni tampoco lo es celebrar sólo la resurrección, olvidando todo el dinamismo del paso de la muerte a la vida. el paso por la muerte. Los dos aspectos se celebran como una gran unidad: la memoria de la Muerte, hoy, está ya preñada de esperanza y victoria, mientras que la Vigilia de mañana no sólo recordará la resurrección, sino todo el dinamismo del paso de la muerte a la vida.

Este día está centrado todo él en la Cruz del Señor. Pero no con aire de tristeza, sino de celebración: la comunidad cristiana proclama la Pasión del Señor y adora su Cruz como el primer acto del Misterio Pascual. El color es rojo, color de mártires, no el morado (la Cuaresma terminó ayer), recordando pedagógicamente que no estamos en unas exequias, ni guardando luto. Cristo Jesús, como Sumo Sacerdote en nombre de toda la humanidad, se ha entregado voluntariamente a la Muerte -el primer mártir- para salvar a todos. Estamos ya en el Triduo Pascual, y pasaremos del rojo del Viernes al blanco de la Vigilia.

 

Día de ayuno, que abarca la ausencia de celebraciones sacramentales en estos dos días. En un clima de austeridad, la comunidad ora, celebra la Pasión y la Cruz, se reúne para la meditación y la contemplación, o para la Alabanza de las Horas, pero no celebra sacramentos. El altar se despoja, no hay flores, el sagrario está vacío... mañana, en la Vigilia, volverán las flores y las luces a la celebración, y en proporción mayor que en ninguna otra fiesta. Y la fiesta durará cincuenta días. Continuará...