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Conversión letra a letra…


21 Marzo 2014

Convertíos: La conversión es gracia y tarea de cada día. Hay algunos momentos de encuentro con el Señor en los que podemos experimentar una llamada que nos impulsa con mayor fuerza a tomarnos en serio la conversión. Son momentos muy bellos que, como fuente de agua fresca,  alientan y fortalecen nuestro camino diario de conversión. Somos tan débiles, pobres…que siempre tendremos en lo más profundo de nuestro ser algún punto, muchas veces punto importantísimo, necesitado y sediento de que le llegue con fuerza la palabra: “conviértete” al Señor, tu Dios.

Oración: ¿Qué es orar? Orar es un deseo, un anhelo fuerte de amar, de entablar un amoroso vínculo de amistad con Dios, que se va forjando poco a poco, en las entrañas de todo aquel o aquella que busca encontrar, con sinceridad, su rostro en los hermanos-as, en lo que acontece y en las obras de sus manos. No hacen falta muchas palabras o pensamientos hermosos para orar (si se dan, ¡bendito sea Dios!), lo verdaderamente importante es estar siempre y en todo momento, en los fáciles o más difíciles, de parte de Dios y a su lado…

No me escondas tu rostro. Deseo contemplar tu rostro”. Es una súplica muy hermosa. Sin embargo, ¡cuántas veces lo tenemos delante de nuestros ojos y no somos capaces de descubrirlo! Es tan grande y densa la nube que se nos pone delante, que se nos escapan las mejores ocasiones de verlo muy cerquita y hasta de poderlo tocar. Y ojalá lleguemos a reconocer como Jacob: “El Señor estaba aquí y yo no me enteré”.
El Señor se nos muestra en el hermano o hermana que reclama nuestra ayuda o atención. En esto, sólo me voy a detener en nuestros ojos. Cuidemos nuestras miradas; cuánto bien y cuánto mal podemos hacer con la mirada. Hay quienes nos pueden pedir mucha ayuda: trabajo, hospitalidad, dinero etc., pero una inmensa mayoría nos pedimos unos a otros bastante menos, a veces los más cercanos, o los desconocidos, nos pueden pedir simplemente una sencilla mirada de afecto, comprensión, de tolerancia, de acogida…etc. Nuestros ojos son ventanas de muchas cosas, lo mejor es que sean ventanas a través de las cuales se asome el amor de Dios.

Venimos. Hay un canto que comienza con estas palabras: “Venimos a ti, María”. Sí, porque en Ella encontramos el modelo acabado la Maestra perfecta, que nos puede guiar en el camino de nuestra conversión. Ella fue pura, inmaculada, no cometió pecado, pero precisamente desde su total limpieza, tiene una mayor ternura para acompañarnos en nuestra lucha contra  el mal y nos ayudará en nuestros esfuerzos de conversión. María, nos puede enseñar la humildad para reconocer nuestras caídas. Nos enseñará a tener comprensión con las caídas de los demás. Ella, nos enseñará y alentará a vivir cada día desde el Evangelio de su Hijo y así, llegar al anochecer y poder cantar como Ella: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque el Poderoso se fijó en la humildad de su esclava”.

Espíritu Santo. El Espíritu Santo tiene mucha implicación en nuestra conversión y ¡ojalá hubiera más aleteo del Espíritu en nuestro vivir diario! Y esto a todos los niveles: sociales, políticos, eclesiales, parroquiales, comunitarios etc… Pero sobre todo, dejemos que ese aleteo del Espíritu Santo nos toque fuerte de forma personal, es donde mejor le gusta trabajar: en el silencio, en la intimidad. Dejémonos conducir por el soplo y las inspiraciones del Espíritu Santo. Tendremos asegurada la presencia de sus dones en nuestra vida, así podremos arremeter con entusiasmo y valentía nuestra tan deseada conversión.

Riega, Señor, la sequía de nuestro corazón.  Infúndenos  ardor en los desanimados. Haz que volvamos al buen camino los que nos hemos desviado. Riega y apaga el fuego de nuestras pasiones y haz arder la única pasión de vivir en tu voluntad, viviendo el Evangelio para buscar siempre lo que más te agrada.

Silencio. Lo necesitamos. Necesitamos tiempos fuertes de silencio para encontrarnos con nosotros mismos. Poder descubrir hacia dónde voy y a quien busco. Silencio también, para descubrir al Dios que me ama, que habita en mí, me colma de ternura y me sale al encuentro con la mano tendida y un deseo: “tengo sed”. Hace tiempo que te estoy esperando. Silencio para poder reconocer la mano de Dios en muchas situaciones personales, comunitarias…situaciones humanas en general. En medio del ruido no es fácil encontrar respuesta a tantos interrogantes que, esperándolos o sin esperarlos, nos presenta la vida. Necesitamos silencio para estar muchas veces a solas con Dios, y tratar de tú a tú con quien nos ama.

Ilusión. Que nada ni nadie nos quiten la ilusión de comenzar cada día y varias veces al día, si es necesario, nuestro itinerario de conversión. No nos asusten la oscuridad o lo abrupto del camino. Pongamos los ojos en Jesús y sigámosle; el camino tiene mucha importancia, pero lo definitivo es la meta: la conversión, la Pascua.

Obediencia. Una palabra y actitud que recorre toda la Biblia. Me temo que sin ella, no existirá verdadera conversión. Comenzando por Abraham, siguiendo por Moisés, los profetas, haciendo un gran stop en María y llegando hasta Jesús podemos ver que, la obediencia amorosa y muchas veces difícil son sus señas de identidad. Después, todos los santos de ayer y de ahora que están religados a Dios, no lo están tanto por sus grandes obras, éxtasis, y revelaciones, cuanto por estar en total disponibilidad, como lo estuvo Jesús, conectados permanentemente a la voluntad del Padre. Si estás deseando conversión: camina en obediencia.

No. No todo el que me dice: “Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos”. “¡Qué necios y torpes somos para entender las escrituras”!. Nos afanamos por buscar felicidad, y la mayor parte de las veces la queremos encontrar en “aljibes agrietados que no retienen el agua”, olvidando y dejando de lado, la fuente de agua viva que saciará plenamente nuestra sed.

No lleves cuenta, Señor de nuestro pecado. Haznos experimentar tu amor de Padre, que en lo más profundo sintamos que somos tus hijas e hijos amados. Que de vez en cuando te des una vuelta por nuestro corazón para  saborear la ternura de tu amor.

Amén. Gracias.