Domingo de Ramos. MONTILLA
Señor, acepta nuestra humilde compañía
Damos comienzo a la Semana Santa con la entrada triunfante de Jesús en Jerusalén. Su entrada es muy peculiar pues va sobre un burrito, aclamado por los pobres y derramando lágrimas de compasión y dolor, lágrimas de amor por la humanidad.
Nos adentramos en esta Semana Mayor escuchando con emoción la historia del dolor más grande y del amor más fuerte jamás contada; el triunfo del amor sobre el dolor, el triunfo de la vida sobre la muerte: La Pasión del Señor.
Señor, aquí nos tienes con el alma y el corazón dispuestos a acompañarte en estos días de tu Pasión y Muerte, desde el recogimiento y el silencio.
Señor, queremos vivir la Semana Santa desde el corazón, recibiendo tu salvación.
Señor, queremos acompañarte en todos los que sufren: los enfermos, los pobres, los que están solos, los deprimidos, las víctimas de las guerras, sobre todo los niños y los ancianos… los crucificados de hoy.
Señor, queremos mirarte, contemplarte, para empaparnos de ti, de tu amor.
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Señor, queremos mirarte para aprender a sufrir, a callar, a perdonar, a amar, a despojarnos de todo aquello que nos aparta de ti y no nos deja vivir con plenitud nuestra vida consagrada concepcionista.
Señor, queremos contemplar tu rostro dolorido para aprender a ser pacientes y mansas. Mirar tus brazos extendidos para abrazar el mundo entero, mirar tus manos abiertas para saber compartir cuanto somos y tenemos.
Por favor Señor, acepta nuestra humilde compañía a pesar de nuestras caídas, nuestras infidelidades. Somos tus esposas, a quienes elegiste desde siempre, para seguirte más de cerca, para vivir en oblación constante, en el servicio de Dios y de la Iglesia.
Señor, danos coraje y valentía entregarnos sin reservas, para cargar nuestra cruz con alegría, sin chirriar desajustes, siendo cirineos de los demás, aliviando la cruz a los que caen, a los que ya no les quedan fuerzas para seguir luchando.
Señor, queremos acompañarte para descubrir en profundidad tu forma de vivir, de entregarse e incluso, de morir.
Y por fin, gracias Señor por entregarte por nosotros, por entregarte por tu Iglesia, por entregarte por todos tus hijos, como rescate por todos.
Señor, caminamos contigo hasta llegar a la gloria de la Resurrección.
Monasterio de Santa Ana - Montilla


