Celebrando el año de la Vida Consagrada
Hna. Angela Mª Díaz Méndez
Monasterio de Grarachico
En el año de la vida consagrada, nuestra Comunidad ha podido participar de algunas iniciativas organizadas por los religiosos y la diócesis de Tenerife.
Se celebró en primer lugar el retiro de fin de año que organiza la Confer diocesana. A las 10 de la mañana rezábamos la hora intermedia, después de la bienvenida de la Presidenta de la CONFER, Sor Remedios. Seguidamente el carmelita Javier nos compartía su reflexión sobre la oración según Santa Teresa de Jesús.
Luego tuvimos el tiempo de oración personal hasta las 13:00h. en que comenzamos la celebración de la Eucaristía. Fue muy alegre ya que estábamos en tiempo de Navidad.
Terminada la Eucaristía compartimos la comida con todas las hermanas y hermanos de las distintas formas de vida consagrada que se reunieron en nuestro refectorio, de la que se habían encargado con mucho cariño y además sirvieron junto con la ayuda de algunas hermanas, los laicos consagrados de la fraternidad de servidores del corazón sacerdotal de Jesús. Éramos unas 83 personas viviendo el don de la fraternidad, compartiendo nuestra experiencia de seguimiento y animándonos a seguir confiando en el Señor y felicitándonos por este año tan especial y significativo dedicado a la vida consagrada.
Jubileo y vida consagrada
Todos los consagrados y consagradas de nuestra Diócesis, también todas las hermanas contemplativas - carmelitas, clarisas, dominicas y concepcionistas - , nos reunimos en el mes de febrero en La Laguna para celebrar juntos el año de la Vida Consagrada y para celebrar también el jubileo por el centenario de La Catedral.
Primero tuvimos la celebración penitencial en el monasterio de nuestras hermanas de Santa Catalina, que nos recibieron cariñosamente y con las que pudimos compartir un ratito antes de comenzar.
Como preparación al sacramento de la reconciliación se proclamó en forma participada el evangelio del paralítico de Betesda. Se proclamó en tres momentos distintos intercalando algún canto. Ernesto, el salesiano que dirigía la celebración, nos animó a mirar nuestras cegueras, nuestras parálisis, nuestros miedos…a reconocer nuestro pecado al que llega Jesús para llamarnos a la santidad… y nos invitó a acercarnos a recibir la misericordia del Señor.
Los sacerdotes estaban en distintos lugares tanto de la iglesia como del claustro del monasterio.
Al concluir la última parte del evangelio comenzamos la procesión hacia la Catedral. Por el camino nos llovió un poquito, pero íbamos alegres, lo aseguro. ¡Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor…!
En el pórtico de La Catedral nos recibió el Dean, D. Domigo Navarro quien nos dirigió unas palabras de bienvenida animándonos a atravesar la puerta jubilar. Todos unidos proclamamos el Salmo 14: Señor ¿quién puede hospedarse en tu tienda?...Luego nos dirigimos a la pila bautismal y renovamos las promesas de nuestro bautismo. Seguidamente nos situamos para comenzar la celebración de la Eucaristía con nuestro obispo D. Bernardo, que como detalle saludó a todos, pero especialmente se acercó a saludarnos a las hermanas contemplativas a quienes buscó con mucha simpatía por la Catedral.
Por fin, comenzamos jubilosos la celebración que fue muy participativa. El obispo, en su homilía, se dirigió a todas las diferentes formas de vida consagrada de la Diócesis, en especial agradeció, otra vez, la presencia de las hermanas de vida contemplativa. En primer lugar, resaltó la importancia de que los consagrados fuéramos presencia viva de Jesucristo en cada uno de los ámbitos donde Dios nos ha llamado, así decía “hoy los consagrados y consagradas son testimonio” que invitan a otros a seguir el camino de Jesús, a despertar en ellos la respuesta a la llamada que Dios sigue haciendo cada día. Nos invitó a los presentes a vivir en la alegría. Destacó, las palabras de la carta del Santo Padre, dirigidas por motivo de la celebración del año de la vida consagrada, y del año Santo Teresiano, en el que se nos invita a hacer memoria agradecida, a vivir el presente con pasión, y a abrazar el futuro con esperanza. Concluyó la homilía recordándonos a los consagrados que somos amigos fuertes de Jesús, cómo decía Santa Teresa.
Después de rezar el credo, renovamos nuestra consagración y oramos con la oración para este año jubilar en nuestra Diócesis.
Y en las ofrendas se presentaron una placa con el logo y el lema de esta año de la vida consagrada, un cartel teresiano con el lema “amigos fuertes de Dios”, unas flores de distintos colores simbolizando a las distintas formas de vida consagrada, el pan y el vino.
Después de la comunión oramos todos con la oración para los consagrados y consagradas y el Obispo nos invitó a cantar “Tú has venido a la orilla….”
Terminamos la celebración agradecidas al Señor por el don de la llamada en una tarde estupenda, una jornada llena de plenitud y fraterna, enriquecidas por tantos carismas que el Señor regala a la Iglesia.


