Mi toma de hábito
Queridas hermanas quiero compartir con vosotras la alegría que he vivido en este tiempo.
Antes que nada me presento: Soy Débora Hernández Ortiz y tengo veinte años de edad, soy natural de León, Guanajuato (México) y pertenezco al Monasterio de Santa María de Cádiz, donde ingresé como aspirante el día 19 de Octubre del 2012, comencé el postulantado el 8 de Diciembre del mismo año.
Durante este tiempo de postulantado he encontrado en la Orden de la Inmaculada Concepción el Camino a la santidad que Dios quiere de mí y que yo tanto anhelo, por ese motivo decidí iniciar más profundamente la vida religiosa, dándole de nuevo mi sí al Señor tomando el santo hábito de la Orden.
El Señor me regaló unos días de retiro ¡inolvidables! en los que experimenté la presencia de Dios en mi alma y en los cuales encontré paz y tranquilidad a tantas preguntas que me cuestionaba en mi vida. Aprendí que solo hay una forma de encontrarse con Dios: en la intimidad de nuestro ser, en ese silencio interior, en la soledad entrando en un diálogo continuo con esa Presencia que habita en nuestro ser más profundo por medio de la oración. María fue muy importante en mis días de retiro pues al contemplarla, al mirar su vida, se convirtió en mi ejemplo a seguir pues todo aquello que aprendía para poder llenarme de Dios ¡María lo había hecho! ¡No era algo imposible! sino que se puede estar lleno de Dios si uno se da a Él como María se dio a Dios con su Fiat y quedo toda llena de Dios.
No paso mucho tiempo para darme cuenta del gran amor que Jesús me tiene pues el día que iba a terminar mi retiro me llamaron por teléfono desde Holanda ¡Era la Policía! Me preguntaron si esperaba a alguien en esos días, entonces fue cuando se vino abajo la sorpresa que me tenían mis padres y mis hermanas, ¡Mis padres venían desde México para vivir a mi lado ese momento tan importante para mí! pero tuvieron el percance de que la aduana les impidiese seguir el viaje y no tuvieron otra solución que llamar al Monasterio y confirmar si era verdad la causa por la que hacían el viaje y así dejarlos continuar. Para mí fue tanta la alegría, que hasta el día de hoy sigo sorprendida de tal acontecimiento pues solo un milagro podía traerles, así que solo me quedo clara una cosa, que ``para Dios no hay imposibles´´ para el no existe ni el tiempo, ni distancia, ni lugar, Él lo hace todo por amor.
¡El gran día llegó! por la mañana nos levantaron con un bello canto a la Virgen María que sonaba por todo el Monasterio, yo estaba ansiosa de que llegase el momento de despojarme de mi hombre viejo y revestirme del hombre nuevo. El acto se realizó a la hora Tercia en el coro, la comunidad y yo estábamos alegres por este nuevo paso que daba en mi vocación. Seguidamente vino el desayuno, mis hermanas adornaron muy hermoso el refectorio con globos blancos y azules y adornos mexicanos; me cantaron una bella canción para presentarme un montón de regalos y felicitaciones.
Por la tarde tuvimos la misa de acción de gracias presidida por el Rdo. Padre Ricardo Rector del seminario diocesano, quien me dirigió unas palabras muy bellas y alentadoras. Fue muy emotiva pues mis Padres y yo llevamos las ofrendas; yo llevaba mí SÍ que ofrecía como símbolo de mi nueva vida religiosa, seguidamente mis Padres, que portaban el pan y el vino, hicieron su ofrenda añadiendo la ofrenda de su hija que según manifestaron lo hacían de lo más profundo de su ser, con dolor y gozo al mismo tiempo, esperando que su hija no solo se revistiera de Jesús y de María exteriormente sino también en su interior.
Fue un momento tanto para la asamblea como para mí, de los que uno jamás se olvida. La bella celebración termino con un canto a María Inmaculada ``Pequeña María´´ de los cantos del Camino Neocatecumenal, mi padre con la guitarra acompañado por mi Madre y por mí, los tres juntos frente a nuestra Bendita Madre.
Finalizó este día tan ajetreado, yo feliz y también un poco cansada de tantas emociones, y por fin después de las completas caí rendida en los brazos del Padre y de la almohada.
Solo me queda pediros que no me olvidéis en vuestras oraciones para que este SÍ que pronuncié a Jesús y a María se prolongue todos los días de mi vida. Así que como signo de esta nueva vida en Jesús y María desde ahora me llamo:
Sor María Débora del Amor de Dios
O.I.C.


