Skip to main content

Solemnidad de la Inmaculada Concepción


04 Diciembre 2015

La hermana María del Carmen Mariñas, Coordinadora, nos envía la siguiente carta con motivo de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción.

Querida Madre:
En este día tan especial en que celebramos la grandeza de Dios obrada en ti al crearte Inmaculada, te dirijo estas letras que, desde mi ser Concepcionista, van cargadas de gratitud hacia Dios, hacia ti, hacia Santa Beatriz, hacia las hermanas que nos han precedido, y hacia todas las que están haciendo posible que tu pureza Inmaculada sea celebrada y asumida, como carisma que expresa la primacía de la gracia, de manera que nos configure y nos permita estar en la Iglesia con una forma de ser peculiar.

En este Año de la vida consagrada quiero acercarme a ti para presentarte todo lo vivido, anhelado y gozado desde nuestra vida de consagradas en esta Orden de la Inmaculada Concepción. Lo hago en nombre propio y en el de todas las Hermanas de la Confederación, porque sé que nuestro corazón late, en estos momentos, al unísono con el tuyo, y que todas queremos que siga resonando con pasión el SI que un día pronunciamos al ponernos en camino para seguir la llamada de tu Hijo.

Nos hemos reunido en varias ocasiones. Juntas hemos acudido ante el sepulcro de Sta. Beatriz para darle gracias por su docilidad al Espíritu al fundar la Orden que te ensalza y te celebra. También hemos potenciado, con nuestros encuentros, el explorar el paisaje de las relaciones, para construir historias de comunión y de servicio, como lo hiciste tú. Hemos leído los documentos del Papa Francisco y escuchado muchas cosas que nos ayudan a “reavivar el don recibido”, posibilitándonos el reemprender la vida con ilusión, y subrayar las tres manifestaciones del seguimiento, que apuntó Mons. José Rodríguez Carballo a los jóvenes religiosos: la fe, el desprendimiento y el dejarse hacer, y en este dejarse hacer Tú has sido pionera.

No hemos descuidado la formación, en la que el tema central has sido Tú, con la variante de analizar y concretar cómo es y cómo ha de ser nuestro servicio, contemplación y celebración del Misterio con que te ha adornado el Padre para ser la Madre de Jesús.

Reconocemos que, este misterio de la acogida de la gracia, también es una posibilidad para nosotras; y así lo admiramos en las Hermanas Venerables cuya hondura espiritual nos refleja la gratuidad de Dios yese darse desde su apasionado amor por nosotros.  Por eso hemos de sentir la responsabilidad de escucharle, y, siguiendo tu ejemplo y el de ellas, acoger Su Palabra, acoger Su voluntad y permitirle que se vierta Su caudal de amor en nosotras.

Según la lógica evangélica, nada es más activo y fecundo que escuchar y ser dócil a Su querer, así lo hemos profundizado en el legado de la M. Mª de Jesús de Agreda, a través de quien, asomándonos a sus escritos, hemos admirado, con más belleza, la obra de la redención y Tú colaboración, que nos deja constancia de que es necesario dejar hacer a Dios para ser verdaderamente como Él nos quiere; que es Él quien hace en nosotras muchas maravillas. En sus bellas palabras percibimos tus deseos de Madre: “….. porque la voluntad del Señor es que mi vida quede más escrita en tu corazón que en el papel, y en ti sientas lo que escribes para que escribas lo que sientes” (Cfr. MCD3 Pr.n.8,p.1112 s) y que ya en la Regla queda recogido: “…. Llevarán entronizada en sus corazones a la Madre de Dios como ejemplar de vida”(R.7).

Y, queriendo beber también en la fuente de M. Ángeles Sorazu, encontramos “pasión” por ese camino de identificación contigo, hasta el punto de pedirte: “…permite que me acerque a ti antes, que me adhiera a tu seno, para recibir la gracia que rebosa tu plenitud… Adherida a una de tus venas –preciosos canales que conducen la gracia a las almas- quiero beber la vida divina que el Espíritu de Amor produce en tu seno, hasta la saciedad” (Cfr. Opúsculos Marianos p.68).

Esta pequeña muestra de las Hermanas que nos han precedido es un resorte que hace memoria de un carisma vivido en fidelidad, que hoy sigue operante a través de la alabanza a Dios por lo que ha obrado en ti, y que nos invita a ser profetas que cantemos, con nuestra vida, el poema de tu belleza inmaculada.

Este es el camino de gratuidad que nosotras tenemos trazado y que, de forma incisiva, recalcó el Papa Francisco al clero en su visita a Ecuador. Así lo hemos compartido con hermanos de otros carismas en la eucaristía del mes de octubre, en Madrid, proclamando juntos nuestra fe, manifestándonos como un clamor nacido de la convicción de que nada está concluido, sino que seguimos nuestro camino de búsqueda, acompañados por ti, María.

Y ante tal amor y misericordia derramada en nosotras, no podemos sino manifestar, como tú, la alegría como testimonio de vida. El Papa Francisco nos insiste en esto porque la alegría da constancia de un corazón enamorado de su Dios.

Permite, Madre, que todas las Concepcionistas compartamos ese amor que no sabe de excusas, mezquindades y tristezas; para que pueda verse, en cada una de nuestras acciones, un poquito de ti. Que el compromiso que nos brote del corazón sea el de una vida transformada por la gracia, y que esto nos lleve a reflejar la luz que viene de tu rostro inmaculado, para que ilumine cada realidad de este mundo y nos ayude a percibir las necesidades de los demás con el amor y prontitud con que tú, limpia de corazón, lo hiciste.

¡Qué gozo siento al escribirte esta carta en un día tan especial!... Seguro que comprendes que me quedan todavía muchas cosas por decirte, pero que todas ellas te las presentamos juntas, día a día, en la ofrenda que cada concepcionista te tributa con su vida y que hoy te expresamos con la liturgia y con el latido de nuestro corazón, que avala nuestro SI para seguir caminando.

Ayúdanos con tu protección a hacer realidad el sueño de Dios para nosotras. Bendice a cada Hermana y vuelca tu corazón de Madre sobre las que llevan el bello nombre de Inmaculada o Concepción.

Manifestándote mi deseo de aprender cada día de Ti, abierta al crecimiento en el amor, te expreso mi cariño y gratitud: