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Inmaculada Concepción:Misterio que nos inspira y enseña.


04 Diciembre 2015

Carta de la Hermana presidenta, María José Hidalgo con motivo de la próxima festividad de la Inmaculada Concepción.

Queridas hermanas: Paz y gozo en el Señor que viene.

Vamos a comenzar el tiempo de Adviento y en sus primeros días celebraremos la novena y solemnidad de la Inmaculada. No me podréis negar que es un tiempo precioso en nuestros monasterios. Los textos y el canto de la  liturgia estrenan con expectación el día, preparan el ambiente y despiertan el deseo de ponerse en camino, de recogerse hacia el interior y concentrarse en la escucha siempre nueva de las Escrituras.

Una palabra: Esperanza.

Adviento: tiempo en el que celebramos la espera del Señor, la fidelidad de Dios a sus promesas, tiempo donde las profecías tienen su cumplimiento, tiempo en el que resuena el Marana thá de la Esposa, en el que la  Iglesia se siente llamada de una forma más consciente a ser reserva de esperanza y gozo, a ofrecer la presencia y la gracia del Salvador.

Es también un tiempo de espiritualidad comprometida. En este mundo marcado, especialmente estos días, por la violencia, el terrorismo y la guerra, la experiencia del pueblo de Israel, el anuncio del Mesías, la imágenes de la Luz, la Paz y la concordia  son resonancias de liberación, de conversión, de renovación, de salvación profunda del hombre y la mujer de hoy  que buscan desorientados  el sentido de su vida. Somos invitadas hermanas a orar con toda la Iglesia por un Adviento pleno y definitivo, por una venida de Cristo a todos los pueblos y naciones  que aún no han conocido al que es la Luz o no lo reconocen como el único Salvador. Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente

La vida de las personas de nuestro alrededor está tejida de pequeñas esperas. La humanidad está a la espera. Hay muchas historias de esperanza sembradas en los corazones, aunque a menudo sean semillas humildes y estén escondidas en lo cotidiano de la vida.  La esperanza cristiana siempre se alimenta de la acción de Dios en la historia.  Este poder para levantar lo caído ha llegado a sus fieles de generación en generación. Por eso nosotros confiamos que nunca decaerá la misericordia del Señor. Ahí está nuestra esperanza. El Señor sigue actuando, El sigue aconteciendo, Dios sigue cuidando a su pueblo. Lo nuestro es velar, esperarle despiertas, pues no sabemos donde ni como se va a manifestar.

Los tiempos que vivimos en nuestras comunidades exigen de nosotras ser fuertes en esperanza,  el futuro no nos pertenece, está en las manos de Dios;  también  ser pobres, totalmente desposeídas de nuestras seguridades para confiar solamente en El.  Y siempre orantes, ancladas en la contemplación, con una gran capacidad para descubrir cotidianamente el paso del Señor en la historia y para entregarnos con alegría al servicio de Dios y del mundo.
Qué esperamos hermanas? en quién o qué ponemos nuestra esperanza?,  qué moviliza en nosotras este tiempo nuevo, qué llamada recibimos de parte de la Iglesia?

Una Mujer: María Inmaculada.

El espíritu y el tono de este tiempo es claramente mariano. En ningún otro, la figura de María es mas invocada que en Adviento.  Hija de Sión que representa al antiguo y nuevo pueblo de Israel, testigo  silencioso del cumplimiento de las promesas y en quien se concentra la espiritualidad de la espera: “la Virgen esperó con inefable amor de Madre” (2º prefacio de Adviento). María, la Virgen Madre se convierte en modelo para el creyente y la Iglesia, por supuesto para nosotras: como ella esperó, así nosotros, en confianza, en silencio, con amor, con ternura, con ilusión y certeza, sin saber cuando pero deseándolo, sin ver pero dibujándolo en su corazón por la fe.

Y como pórtico: el misterio de la Inmaculada Concepción. En la perspectiva  de la encarnación  y el nacimiento de Cristo el Salvador, celebramos con gozo que Maria, nuestra Madre, haya recibido de antemano la salvación de su hijo en plenitud, mostrando así el sueño de Dios también para toda  la humanidad.

La Concepción Inmaculada de María: el misterio que preanuncia la existencia y significado de María (CC.GG.8), misterio que prepara a María de una forma radical a  la venida del Salvador y el feliz comienzo de la Iglesia, hermosa  sin mancha ni arruga (MC 3);  misterio del  sí absoluto de Dios, de su gratuidad infinita y misterio elegido por Beatriz para sí y sus hijas como forma de vida, al que servir, contemplar y celebrar (CC.GG. 9). Misterio raíz, meta y camino para la Hna. Concepcionista, fuente perenne de inspiración, misterio siempre nuevo, de la Mujer nueva, de la Nueva Creación.

Qué alegría hermanas y que privilegiadas somos por haber sido llamadas a honrar a la Pura y Limpia Concepción, la Toda Hermosa!!!. Vivamos prendadas de la belleza de esta Mujer, y  aprendiendo sin cesar de ella. Revistámonos de sus sentimientos y actitudes, especialmente las que en este tiempo nos va a ir mostrando la Palabra. Son tantas y con tantos matices en la vida diaria....No tengamos reparo en desplegarlas, tanto   con las que tenemos mas cerca de nosotras, las hermanas, como los que están lejos y  tenemos a nuestro cuidado. Como María no dejemos de estar atentas al dolor profundo que late en el corazón de los hombres y comunicar la gracia que se nos regala.

Saboreando  aún el año de la Vida Consagrada, nos unimos a la Iglesia en el inicio del Jubileo de la Misericordia. Me uno a vuestras celebraciones, novenas, triduos... Felicidades a tantas hermanas que celebrarán  su santo en nuestras comunidades. Dad gracias conmigo por el año cumplido en este servicio federal, una prueba de que Dios se hace fuerte en la debilidad y es fiel en todo momento. Seguid rezando por mí.

Hermanas: Pedimos unas por otras para que se acreciente nuestra esperanza y misericordia. Feliz día de Nuestra Madre Inmaculada.

Un abrazo fraterno

Hna. Mª José Hidalgo López
29 de noviembre de 2015
Nº Prot. 15/15