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Testimonio del día de la profesión - Sor Ana


14 Septiembre 2024
Testimonio del día de la profesión - Sor Ana

¡Ave María Purísima!

¡Quiero que os alegréis conmigo porque el Señor hace grandes cosas! ¡Hace maravillas!

El día 7 del presente mes sor Gracia y una servidora, sor Ana, ¡hemos sido desposadas por el mejor Esposo de siempre! ¡Mi corazón desborda de alegría, gratitud, sorpresa!  No sé qué palabras utilizar para describir todo lo que he vivido y todo lo que el Señor está haciendo en mi.

La verdad es que si yo vuelvo unos 5 años atrás jamás podría imaginar todo lo que el Señor tenía preparado para mí… yo que tenía el sueño de casarme, de tener hijos, de ser maestra y tener mucha fama… No me imaginaria sin mi cigarro en la boca, ni sin mi grupo de amigos y amigas, ni sin mis noches de fiestas y las tardes en el café… Pero, en 2019, en una peregrinación que hicimos, los jóvenes del sur de Portugal, del Camino Neocatecumenal, al norte de España, en una Eucaristía, el Señor me reveló su amor por mí, pero de tal manera me lo hizo experimentar que Yo jamás lo quise dejar. Ese amor que Dios tiene por mí me lo enseñó tan fuertemente en esa Eucaristía que yo no lo quería perder. Y además de no querer perderl’O, quería corresponderle. Había encontrado a Aquél que mi corazón buscaba, pero lo había buscado donde Él no estaba: en la imagen, en los afectos, en la fama, en ser querida por la gente aunque tuviera que pasar por encima de muchos y muchas… Y aunque muchas veces esa búsqueda me haya llevado a despreciar, a odiar, a envidiar, aún así el Señor no dejó de  quererme y de buscarme. Esa fue y es mi experiencia: ¡El Señor tiene por mí un amor eterno y único! ¡Encontré la mejor perla! Así encontré mi primera vocación: ser amada.

Después de hacer una experiencia en el monasterio de Campo Maior, en 2020, fue como volver a encontrarme con Aquél que había dado sentido a mí vida. Fue una confirmación de que el Señor me quería para Él y me quería ahí en el monasterio. Tan real me pareció ese llamamiento del Señor que pensando en todo lo que implicaba me fui del monasterio en el quinto día, llena de miedo pues se trataba de algo muy serio… Intenté olvidar y guardar todo lo que había pasado desde que el Señor me había mirado pero no podía… pero, pasado un año y medio, con la ayuda de las hermanas, de un cura que me acompañaba y de algunos acontecimientos que el Señor permitió, como la entrada en el monasterio de mi hermana Gracia, pude arriesgar y dar una oportunidad a Este Esposo maravilloso. ¡Y así le dije mi sí! Un sí débil, un sí con miedo, un sí con muchos peros…

¡Un Sí que pude renovar en este día de mi profesión! Ahora con más certeza, con más firmeza y con muchísima alegría de poder ser Suya. No porque mi sí sea ahora posible sino porque creo más ahora que el Espírito Santo hace posible mi sí. Un sí que se asemeja un poco más al de María. ¡Acabo de vivir el día más feliz de mi vida! El día en que el Señor me toma por su Esposa y me quiere hacer suya para siempre. Quiere hacer mi corazón igual que el Suyo: obediente, casto, pobre, silencioso y oculto. Quiere que le ame con un amor gratis, que ame a mis hermanas… Quiere hacerme de nuevo. Que yo sea dócil y maleable y me deje hacer.

El Señor es un Dios escondido pero está muy presente, muy vivo y muy atento. El nos cuida y nos regala muchas veces sus detalles, lo he visto en estos días de preparación para la profesión con la gracia de tener un retiro muy fuerte; una vigilia de oración el viernes por la noche, donde han estado presentes nuestra familia, hermanos de la antigua comunidad, amigos de la familia y gente del pueblo de Campo Maior; con los regalos y preparaciones de las hermanas: animaciones, músicas, pinturas…y  mucho amor y alegría; También hemos recibido dos detalles muy bonitos de nuestro Esposo: algunas flores de la Tierra Santa y vino de las Bodas de Cana para la Eucaristía! ¡¿Cómo no estar feliz si dando lo poco que es (y muchas veces dado con mucho esfuerzo) recibes 1000 veces más en todo?!!

 

Solo que queda decir ¡GRACIAS! ¡GRACIAS! ¡GRACIAS!

Rezad por mí para que permanezca y sea fiel todos los días de mi vida a este Señor que tanto me ama y me quiere. Que sea otra María y que pueda dar a luz en mí a Jesus pobre; casto, obediente y silencioso. “Hágase en mí según tu palabra”.