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Profesión de la Hermana Inês. Viseu


04 Noviembre 2024
Profesión de la Hermana Inês. Viseu

¡Ave María Purísima! Con el corazón lleno de gozo y alegría, comparto con vosotras un poco de lo que he vivido el día 26 de octubre, día de mi Profesión Solemne.

Empiezo dando gracias a Dios, a mi comunidad y a la federación por los temas y el tiempo de retiro que me ha sido regalado y que me ha ayudado mucho a dejarme amar por el Padre lleno de misericordia, fijar mi mirada en Jesucristo Esposo y experimentar la grandeza de Su Redención, que me hace conocer la belleza de ser una criatura nueva. También la Virgen Inmaculada ha tenido un lugar especial en ese tiempo de retiro porque, una vez más, me acogió bajo su manto y en su regazo materno , enseñándome a tener un corazón disponible como el suyo, para dejarme conducir por la luz y la acción del Espíritu Santo en mi vida.

Reconocer y rezar todo esto me ayudó a vivir el día de mi Profesión desde lo más profundo de mi corazón, y el Señor se reveló el verdadero protagonista de todo, regalándome Su paz y serenidad.

El día fue lleno de las bendiciones de Dios, empezando con el despertar mojado, por la lluvia que caía con intensidad. También por la mañana la Madre Inmaculada no tardó en manifestar su presencia por medio de las cartas escritas por sus ‘secretarias’, mis hermanas, con palabras inspiradas y llenas de ternura y cariño, animándome a vivir este día plenamente confiada en Su Hijo Jesucristo, a quién iba entregar toda mi vida, como hostia viva en alma y cuerpo.

Por medio de la lectura del Oficio de ese día y también a lo largo de toda la celebración, el Señor me hizo no olvidar mi identidad y condición de pequeñez, de criatura formada del polvo de la tierra, pero al mismo tiempo, me hizo experimentar la grandeza de Su amor, que además de me rescatar y acoger como Su hija amada, me escogió y coronó como Su esposa, llamada a vivir en plena comunión con Él, participando ya de su vida divina. ¡Que gracia tan grande esta de pertenecerle totalmente!

La ceremonia fue presidida por el obispo de nuestra Diósesis de Viseu, D. António Luciano, y concelebrada por sacerdotes amigos de la comunidad; también estuve presente mi familia, algunos amigos y fieles de mi parroquia de origen, que fueran imagen visible de la Iglesia reunida alrededor del único Señor, para testimoniar y sostener por medio de su oración, el SÍ de mi consagración.

Doy gracias a Dios por todos los momentos vividos y compartidos a lo largo de ese día, y por todo el cariño, dedicación y amistad de cada una de mis hermanas de comunidad, y también por la presencia orante y los regalos de cada una de las hermanas de la federación. 

De verdad este fue, y aún es, un tiempo fuerte para agradecer al Señor por el don de la vocación recibida, por haberme llamado a la consagración en esta Orden contemplativa que refleja en su vivir la imagen de María en el misterio de su Concepción Inmaculada. Cada nuevo día me encanta más meditar, y profundizar, la belleza de este regalo que Dios concedió a la Inmaculada para que toda la humanidad, o mejor, toda la creación, pueda ser partícipe de la Redención operada por Su Hijo Jesucristo. Sentirme parte de esta misión, como hija de la Inmaculada y esposa de Su Hijo, es algo muy grande, me hace sentir indigna e incapaz, pero me anima a abandonarme toda en las manos de Dios, confiando que todo es obra Suya.

Rezo por cada una de vosotras y me confío a vuestras oraciones. ¡Que este paso decisivo que he dado, sostenga el sí de cada día, en una disponibilidad cada vez más grande para acoger la Voluntad de Dios y permanecer fiel al Esposo Jesús toda mi vida!

¡Gracias!

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