ARRANCA LA CUARESMA
Arranca el tiempo de la Santa Cuaresma recogiendo, al imponer la ceniza, las primeras palabras que dijo Jesús al iniciar su ministerio. “Convertíos y creed en el Evangelio.”
La conversión significa un cambio del corazón. Es un rasgar corazones, como expresa el profeta Joel. Es un volverse a Dios y dejar de darle la espalda. Creer en el Evangelio es un abrirse a la palabra de Jesús, que es noticia sobre Dios, aceptar a Jesús como Mesías y Salvador.
Si en la Liturgia de hoy se habla de la ceniza, del ayuno, de la oración y de la caridad, no se refiere solamente a signos y preceptos o recomendaciones, como si bastaran unas prácticas concretas; se nos está hablando de un modo de ser, se nos está pidiendo unas actitudes más duraderas, en torno, precisamente, a la humildad y la pobreza, la oración y la fe, a la caridad y la misericordia. Esta es la ceniza y estos son los ayunos que Dios quiere. «Rasgad el corazón y no las vestiduras». Nos dice de nuevo el profeta Joel. Ayunemos en el corazón, limpiemos el corazón, ablandemos el corazón, rompamos el corazón. No sólo un corazón grande y limpio, sino un corazón sensible, vulnerable, compasivo y generoso.
La compasión tiene que ver con el corazón. Incluye sentimientos y actitudes profundas hacia los que sufren. Tiene relación con las Bienaventuranzas de los misericordiosos y de lo que lloran. Jesús vino a llorar nuestras lágrimas y a enjugarlas. Vino a vendar los corazones desgarrados y poner aceite en nuestras llagas. Vino a levantar caídos y restaurar pecados. Su compasión sigue conmoviendo al mundo.
En esta Cuaresma vamos a ejercitarnos en las com-pasiones: Iremos al encuentro de personas que padecen, para padecer-con ellas, consolaremos al que está en desgracia, visitaremos enfermos, acompañaremos a ancianos, ayudaremos al que quiere salir del vicio, defenderemos al que sufre injusticia, orientaremos al que busca trabajo, llevaremos esperanza al deprimido y estaremos al lado del que todo lo ha perdido… Recordemos las palabras del profeta… < Jesús tenía hambre de Dios y hambre de fraternidad. Sean así nuestras hambres cuaresmales. Que nuestros ayunos sean sinónimos de ayudar. Éste es el ayuno que agrada a Dios. Así caminaremos santamente durante esta Cuaresma hasta la Pascua del Señor.



