Sexto Domingo del Tiempo Ordinario
Evangelio según San Mateo 5, 17-37
Jesús y la ley.
Jesús dice que ha venido a darle sentido a la ley que Dios dio a Moisés en el Sinaí. Jesús no trae una nueva enseñanza, sino que con autoridad revela el verdadero sentido de la enseñanza de Dios dada a través de Moisés. Si el mandamiento dice no matarás, Jesús nos dice que para no llegar a ello tenemos que empezar muchos antes. Se trata de frenar toda forma de agresividad y de ira antes de llegar a la violencia y se trata de frenar la lengua, pues también se puede matar con la palabra. Jesús pide que nos abstengamos de toda forma de violencia empezando por nuestros sentimientos y nuestros labios.
Igual ocurre con la sexualidad, pues aunque no es fácil dominarla, tenemos que entenderla desde el deseo que nos habita. Si uno con su mirada desea poseer de manera que no mira a la persona con su dignidad sino que la convierte en un objeto, entonces ya está pecando en su corazón. Nuestra relación con los demás comienza en nuestro corazón y si aprendemos a dominar nuestro interior, nuestra mirada estará ordenada al amor y controlaremos nuestros deseos de poseer. Además, con las relaciones personales que establecemos a través de nuestras palabras. El Maestro conoce bien la inclinación a la mentira, al engaño, a las palabras anzuelos, a la seducción engañosa. Por eso, no quiere que pongamos a Dios por medio a través de juramento, pues corremos el riego de usarle para nuestros pequeños intereses. Nuestra palabra debe decir algo, sí o no, sin dejar
espacio al engaño o al disimulo.



