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VIERNES SANTO


29 Marzo 2018
VIERNES SANTO

 

          Tiempo para revivir y celebrar los últimos acontecimientos de la vida de Jesús, su entrega en favor de los demás. Tiempo para mirar la cruz de Jesús y ver en ella la manifestación culminante del amor de Dios,

para contemplar y adorar la cruz que nos trae la salvación. Son días especiales para reflexionar sobre el dolor y la muerte, para que la cruz se convierta en luz. Son momentos en los que nosotros somos invitados a cargar con la cruz de los otros y a luchar contra todas las cruces del mundo.

          En la lectura de la Pasión de Jesús, para el evangelista san Juan no es una humillación, sino una glorificación; la cruz no es sólo instrumento de suplicio, sino también trono en el que se manifiesta su gloria. Para él, Jesús es el Señor y en la pasión muestra su señorío, pues no solo se enfrenta a ella voluntariamente, sino que Él mismo es quien dirige todos los acontecimientos que la integran. Su muerte no fue un hecho aislado, sino consecuencia y síntesis de su vida. Vivir para los demás. Amar siempre a todos. Ser pobre para que nosotros nos hiciéramos ricos.

          Para vivir la Pasión, para comprenderla mejor, es necesario acompañar a Jesús, fijarnos en los personajes que le rodean. Lo importante ese dejarnos tocar  por sus experiencias y aprender de sus vivencias y sentimientos.

          Judas: el amor fanático

          Caifás: la religiosidad vacía

          Poncio Pilato: el apego al poder

          Verónica: la compasión espontánea

          Simón de Cirene: la ayuda oportuna

          María Magdalena: la mujer transformada

          Dimas, el buen ladrón: el encuentro al atardecer; su mejor robo

          El soldado Longinos: el deber cumplido y recompensado

          Nicodemo: el renacido

          José de Arimatea: la generosidad en el fracaso

          Pedro: el amigo que traiciona

          Juan: el testigo fiel

          María: la Madre

          Jesús: el Señor

          Jesús es el que nos conduce y guía en medio de la oscuridad y las dudas de fe. Es Él quien nos da vida, quien nos enseña, desde la cruz, a ir más allá de todas las negatividades y a no hundirnos en las noches y fracasos que aparecen en nuestro caminar. Fijar los ojos en Jesús con amor, con conciencia de que es un gesto de fe y entrega.