He aquí la esclava del Señor, Hágase en mi según tu palabra”
11 Octubre 2012
Como María, Nuestra Madre, me pongo en las manos del Señor y en su amor, para que haga de mí su humilde sierva, para ser esa raíz que extrae la savia de los valores del Reino, para transmitirla a toda la humanidad, aprendiendo a hacer el bien sin protagonismo, como en Nazaret, viviendo mi entrega silenciosa desde lo escondido y sin reclamo de mi cotidiano vivir en el monasterio, como el agua soterrada que fertiliza los campos. Mi quehacer: ser como María y proclamar las grandezas de Dios en mi vida dentro de la Orden de la Inmaculada Concepción.
Llegó, por fin, el momento tan deseado para mí: mi Profesión Solemne y con gran regocijo, hermanas, quiero comunicaros la experiencia que viví ese gran día. Fue el más importante y feliz de mi vida. He estado dejándome seducir por el Señor este largo tiempo de discernimiento en el que he ido viendo y palpando todo lo que Dios me ha ido comunicando a través de la formación y donde se ha ido forjando y madurando día a día mi vocación
En este día de mi profesión digo como el profeta Jeremías: "me has seducido, Señor, y me dejé seducir; me has agarrado y me has podido” ¡Aquí estoy, Señor!;
Es hermoso recordar siempre la voz del Señor, seguirle y serle siempre fiel en esta Orden de la Inmaculada Concepción. El Señor me ha elegido, como a cada una de vosotras, para tener una relación íntima con Él y que Él sea siempre el dueño de mi vida.
A todas mis queridas hermanas os pido vuestras oraciones para vivir en fidelidad, y que mi amor vaya creciendo cada día más fuerte; quiero ser una buena hija de Santa Beatriz y vivir esta historia de amor y entrega.
Gracias hermanas por que sé que me tenéis presente ante el Señor.


